CORNADA DE LOBO
Lucha de colores
JOSERRA confirma día a día su teoría: los colores no son inocentes y quienes los utilizan por bandera aun menos. Vuelve aquí Joserra con su turra y su desconcertante teoría: Muerto Dios y muerto Marx, la lucha de clases es hoy una simple lucha de colores. Ya no es el azul contra el rojo o el negro contra el blanco; es el naranja contra el rosa, el fucsia bujarrón contra el gris comisaría, los tonos pastel contra los colores que gritan. Hay colores para toda tendencia, inclinación o aberración desde que el ordenata o un tirulí nos proporcionan de sesenta mil a tres millones de tonos diferentes, ¡manda pinceles! Muertas las ideas, ¡vivan los colores! Un partido, un color; como en Montevideo, azules contra coloraos. Al facha o conservaduros el azul le excita. Al progre o conservaeuros, rojo le pide el cuerpo. Con el verde se va el disidente y con el negro el libertario o el artisteo de pasarela. Esto era hasta aquí, porque a la derecha, cansadita de azulete, le priva ahora el naranja -que es una aproximación al rojo prohibido-, de la misma forma que a los que llaman rojos les dicta ahora un azul su estratega de marketing electoral (ahí se ve el azulón intercalado en la decoración de la sede socialista o en los telediarios «del parte» para que salga el líder en las fotos con un telón de bondad celestial, mientras que su rojo emblemático se va relegando a un fondo de logotipo o al cuerno, que es donde viven Pablo Iglesias o el puño y la rosa que ya no se ven tanto). Esto de los colores se mide ahora mucho en las propuestas electorales, porque está demostrado que a la gente le gusta el colorín más que las ideas (casi siempre confusas y últimamente desaparecidas o fusiladas) y simpatizan con este color o aborrecen el otro, pero no tanto con el líder que se monta encima, así que la derechona se pilla el naranja para parecer un pelín progre y pisar centro derecha, del mismo modo que la izquierdina se pone a navegar en azules para atropar ese mismo centro de cojera zurda en el que están encantados de sí mismos. Ibarretxe también comparece en su lehendekaritza con filetitos azules y eléctricos de fondo. No es casualidad. Siempre el azul. Todos lo quieren. Los colores dan votos o audiencia. La batalla política se ha quedado en lo que temíamos, una batalla de colores. Ya sólo falta una reinona para estos juegos florales.