Diario de León
Publicado por
FRANCISCO SOSA WAGNER
León

Creado:

Actualizado:

¿ES BUENA O mala la globalización? Si permite que los parados de un país se puedan trasladar a otro donde sea posible ganarse la vida me parece bien. Si nos facilita a las personas corrientes la posibilidad de escapar del pequeño círculo de nuestras miserias por medio de viajes, de lecturas, de música alada, entonces la globalización es invento óptimo. Además, el hecho de que haya mucho tarambana ilustrado que se rasga (hipócritamente) las vestiduras ante el fenómeno, ya lo hace, a mis ojos, atractivo y simpático. En estas convicciones estaba yo tan contento cuando me entero de que la globalización pone en peligro la siesta. Sí, lector, la siesta, el «pigazo», la siesta del carnero, también llamada del obispo pues el eclesiástico de este alto rango la cultiva como persona distinguida que es, todo esto parece que corre el riesgo de desaparecer como consecuencia de la globalización. La primera pregunta es ¿qué tiene que ver este asunto de ambiciosas hechuras económicas con la humilde siesta tradicional española? ¿cómo es posible que un movimiento que tiene en el punto de mira al universo en su conjunto repare en algo tan minúsculo como es la siesta? Es verdad que, como dejó escrito Quinet, alrededor de la pequeña Ítaca gira toda la Odisea pero, con todo, la vinculación entre la ordenación del planeta y la costumbre de echarse a dormir un rato antes o después de comer, me parece un misterio. Sin embargo, se impone estar atentos porque solo faltaría que nos arrebataran nuestro invento más señero. España no habrá dado al mundo ingenios científicos de alto porte ni habremos descubierto microbios de especial relieve, pero hemos inventado la siesta que es pausa, intervalo, silencio... La siesta deja en suspenso la vida para retomarla con las flechas más afiladas, es el bullicio prosternado ante la quietud, un sorbo de silencio, la vacación minimalista, la tregua de Dios del Medievo solo que secularizada y al alcance de todos los españoles (como el viejo Nodo). Es una pequeña celada que se tiende a los afanes, la realidad interrumpida por la dulce ficción. Cuando nos acurrucamos y nos quedamos dormidos tras la comida, al mundo entero se le pone aspecto de interino y quizás sea por esto por lo que quiere acabar con la siesta porque lo convierte en accidental y secundario. En la siesta le ponemos los grilletes al universo y es como si lo mandáramos parar con las maneras autoritarias que gastaban los dioses mitológicos. Es probable que el mundo, tan altivo, no nos lo perdone. Volver a la vida tras la siesta es algo que recuerda cabalmente a la resurrección pintada por san Pablo en la epístola a los Corintios y la verdad es que le dan a uno ganas, al despertar, de preguntar quién es el último en la cola para ser llamado al Juicio final. La siesta es el paréntesis y muchos tenemos a este signo de puntuación como uno de los más excelsos de la escritura porque supone la digresión que nos aparta del relato y nos lleva, entretenidos, al descansadero inesperado. El paréntesis tiene la emoción del punto y aparte pero encima carece de su chulería y de su arrogancia. Gran invento el paréntesis. Como gran invento es la siesta que hay que poner en el haber de la balanza del comercio internacional español porque la hemos exportado. Yo he visto a los estudiantes universitarios alemanes dormidos en las bibliotecas sobre los libros tras la comida en la Mensa, lo que ya es mérito, teniendo en cuenta lo que se ofrece en esos comedores universitarios. Es decir que la siesta ha adquirido prestigio más allá de nuestras fronteras pues se la ve como un salto sin riesgos al vacío, el pequeño rodeo desde el que hacemos un corte de mangas tranquilo a las pompas y a las vanidades. Proclamemos pues que las personas honradas deben dormirse ante el televisor en cuanto empieza el programa educativo sobre la vida de los elefantes o la del canguro, ese animalito que se empeña ir a saltos por las praderas de Australia. La siesta, conquista la globalización, nunca su víctima.

tracking