EL PULSO Y LA CRUZ
De sobresaltos y coincidencias
NUESTROS Obispos ya se han entrevistado con el Papa. Los encuentros ocurrieron después del sonado discurso papal del pasado lunes, con el que algún títere se quedó sin cabeza. De momento ha habido movida en la Nunciatura y en el Gobierno, con mutuas escuchas y mutuas explicaciones. Y es que la Iglesia y sus miembros también somos de este mundo. Y por eso hemos de pagar, de vez en cuando, el tributo al devenir de los tiempos, a la limitación semántica de los términos, a la subjetividad de los juicios, a la imperfección de los matices y a las normas de las estructuras humanas. Diremos, con el refrán que traduce la sabiduría popular, que no hay mal que por bien no venga. Esperemos. Volvamos a las entrevistas de nuestros Obispos con el Papa. Don Camilo llevó ante el sucesor de Pedro los pálpitos astorganos el martes y Don Julián los de León el jueves. Ambos, en el diálogo, tuvieron presentes los amplios informes que tiempo atrás habían hecho llegar al Vaticano. Una treintena de minutos, en cada caso, fue suficiente para poder compartir inquietudes y animar esperanzas. El Papa se interesó por la familia, la juventud, las vocaciones, la práctica religiosa y la situación económica -en particular por lo que afecta a la minería y a la agricultura-. Fueron momentos intensos, que se redondean con otras visitas a las diferentes Congregaciones (algo así como nuestros Ministerios civiles), que son una ayuda para entender, con la lucidez que dan la distancia y la especialización, los problemas que nos aquejan y los caminos que se pueden emprender o continuar. De esas conversaciones y de los discursos abiertos del Papa algo sacaremos en limpio. No lo duden. Aunque algunas cosas nos sobresalten. Con estos embelesos se nos pasaron la hojas del calendario que nos hablaban de ecumenismo y de oración por la unidad de los cristianos. Ni una línea de atención le dedicamos al asunto en nuestros pulsos, cuando la división entre cristianos es una de las mayores cruces que hemos de llevar a cuestas los discípulos de Jesús. Los días propios fueron del 18 al 25, pero admiten octava. Nunca es tarde ni está fuera de lugar rezar para que Dios nos regale el don de poder recomponer la unidad perdida. Todos los cristianos (ortodoxos, anglicanos, protestantes, católicos...) la deseamos. Pero a veces la herencia histórica nos juega malas pasadas. Como ésta. Es una pena, pero las cosas son como son. Es una pena, digo, que coincidan en un mismo día celebraciones que tocan a nuestros pulsos y que, por razones obvias, resultan incompatibles en la agenda, si no en el corazón. Se lo escribo, porque ayer mismo, sin ir más lejos, nos encontramos con una coincidencia, dolorosa por ser tal, aunque agradable por lo que tuvo de expresión de vitalidad de algunas de nuestras instituciones eclesiales. Ocurrió en la capital. Sucedió, pues, que ayer, fiesta de Santo Tomás de Aquino, a partir de las 7 de la tarde, el Seminario diocesano, el Centro Superior de Estudios Teológicos y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, a los que se unió la Asociación de Maestros Católicos, celebraba la fiesta del Santo con una Misa, y con un acto académico, que tuvo como centro la conferencia de D. Alberto de la Hera, ex-Director General de Asuntos Religiosos y catedrático de Historia en Madrid, quien disertó sobre «Cristianismo y Europa», en las cercanías de referéndum sobre la Constitución europea. Y sucedió que ayer, a partir de las 5,30 de la tarde, a escasos doscientos metros del Seminario Mayor donde tuvo lugar la celebración antes descrita, la Escuela Universitaria de Trabajo Social «Ntra. Sra. del Camino», propiedad de la diócesis y adscrita a la Universidad leonesa, celebraba el segundo día de los actos programados para presentar a la sociedad leonesa los 1.000 primeros Trabajos de Fin de Carrera que han elaborado los alumnos en estos últimos 20 años, en que la especialidad de Trabajo Social se incorporó a las enseñanzas universitarias. A pesar de los fríos, hubo público para los dos eventos, pero menos de lo que debiera, aunque sólo sea por haberse tenido que aplicar la regla de dividir. Sólo por dos. Menos mal. Los dos acontecimientos merecían la pena, pero... no se pudo estar en ambos. Fue un dilema. Lo que le s digo. Y lo gordo es que todo se puede prever y programar de otra manera. A enmendarse tocan.