A LA ÚLTIMA
Cartel de gala
CARTEL de gala en el ruedo parlamentario para el debate de esta tarde sobre el plan Ibarretxe. Zapatero, Rajoy y el propio lendakari, que es nuevo en esta plaza. Lo demás es acompañamiento, con todos los respetos para otros portavoces que también deben fijar postura. Se trata de someter el llamado plan Ibarretxe a la toma en consideración del Congreso, donde reside la representación del pueblo soberano. Si la Cámara confirma el muy previsible «no» por, al menos, la mayoría absoluta (176 diputados), el proyecto nacionalista será devuelto al Parlamento Vasco y éste se lo devolverá al Gobierno autónomo, de donde salió cuando Ibarretxe lo anunció oficialmente el 27 de septiembre de 2002. ¿Es el fin de la discutidísima «Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi»? Desde el punto de vista legal, por supuesto. Al menos en su actual formulación. Recordemos que se pretende forzar la Constitución Española sin haberla reformado antes. La reforma previa habría sido necesaria para que, precisamente, no resultase forzada por lo que Ibarretxe presenta como una simple reforma estatutaria. Esa es la cuestión de forma. Pero también saldrán a relucir de nuevo las de fondo, resumidas en el hecho de que el nacionalismo vasco organizado tiene la confesada voluntad política de romper el principio de soberanía nacional única e indivisible. Es lo que, con mayor o menor acierto, se llama «separatismo». Tan respetable como cualquier otra idea política, siempre que se someta al contraste de otras en el marco de unas reglas de juego escritas y firmadas por todos -también por el nacionalismo- bastante antes de que el señor Ibarretxe reclamase para quienes viven en esta parte de España ciudadanía, himno y bandera únicos, propios y exclusivos de vascos y vascas, aunque maldita la gracia que al menos a la mitad de los mismos les hace esta idea. A lo que íbamos. Hoy se acaba el recorrido legal del plan Ibarretxe, porque legalmente queda agotada su tramitación. Justo en el punto en el que, por las razones de forma y fondo que volverán a oírse esta tarde, la máxima representación de la soberanía nacional en el Congreso se dispone a decir «no» libremente, democráticamente y en el cumplimiento de las previsiones legales que hacían al caso.