Curiosos en el juzgado
Si a algún barbanzano le preocupa que Ramona Maneiro pueda dar con sus huesos en la cárcel, desde luego no acudió ayer al juzgado de Ribeira para mostrarle su apoyo. Aunque la película Mar adentro ha llevado riadas de espectadores a las salas, la comparecencia de la amiga del tetraplégico sonense no abstrajo de sus quehaceres cotidianos ni a un solo vecino. Las escasas personas que ayer se detuvieron frente al juzgado ribeirense lo hicieron atraídos por la treintena de cámaras y micrófonos que montaban guardia junto a la puerta. Es más, la mayoría de los viandantes no tenía ni idea de lo que se cocía de puertas para adentro. El ¿qué pasa? se convirtió en la pregunta de la mañana. En Ribeira no se había visto un despliegue mediático semejante ni cuando se juzgó a Ramona por primera vez ni, desde luego, cuando ha ido a declarar algún capo del narcotráfico. La nube de periodistas en acción le comió el protago-nismo a Maneiro. Seguro que por la noche, cuando las familias se agruparon frente al televisor, más de un vecino se jactó de haber presenciado en riguroso directo cómo la muchedumbre mediática se abalanzó sobre Ramona para conseguir unas decla-raciones. Quién mejor resumió el pensamiento general de los escasos curiosos fue una mujer: «Parei polo ambiente das cámaras, a min o caso dela non me interesa nada». Fue tanta la capacidad de seducción de los objetivos que hasta un transeúnte se emocionó y, un poco desnortado, exclamó: «Os paparazzi en vivo e en directo, como con Julio Iglesias». Otra viandante no pudo ocultar un punto de envidia al manifestar: «Que famosa se hizo». Algunos de los que se acercaban estaban realmente despistados. Un hombre que iba con los ojos abiertos como platos, cuando logró enterarse de que comparecía Ramona Maneiro confundió a la presidenta de DMD en Galicia, Carmen Vázquez, con una de las protagonistas de Mar adentro. Total, que la eutanasia pasó a un segundo plano y lo único de lo que se hablaba en la calle y en los bares era de la importancia que la prensa concede al caso de Ramón Sampedro y del despliegue de medios. Mientras la mayoría de los barbanzanos se preguntaba qué hacían una televisión portuguesa y otra francesa en el aparcamiento del juzgado .