El paisanaje
¿Quién fue?
SE CUMPLE esta semana un año del petardazo de Atocha, donde cayeron alevosamente doscientos conciudadanos y un gobierno. Al cabo de este tiempo, que no es poco, tanto que hasta a los que lo conocemos de pequeño nos parece que Zapatero se ha hecho mayor, sigue sin saberse la respuesta a aquella famosa pregunta que salía en todas las pancartas y teléfonos móviles de por aquellos entonces: ¿Quién ha sido? Lo único que se sabe es que las mochilas en los trenes malditos fueron puestas, y muy bien sincronizadas entre sí y con las vísperas electorales, por media docena de moros dispuestos a morir matando, pero que, por no tener, el que más no tenía ni el bachillerato. Falta saber la mano que mece la cuna. Aquellos moros, de Marruecos o Morocco, como su propio nombre indica, se pasearon por Asturias, Bilbao y Madrid cual Pedro por su casa y, en el colmo de la tragicomedia, hasta la Guardia Civil les puso una multa en León cuando conducían la furgoneta de los explosivos por la carretera de Benavente en un incierto punto del trayecto que no especifica el parte, pero que casi seguro pudo ser el cruce del puticlub de Villalobar. Cómo sería el control, según lo publicado en los periódicos, que a nadie se le ocurrió meterle mano y registrar el vehículo, que, encima, llevaba matrículas falsas. La próxima vez que la Benemérita cachee contra la pared a un servidor por dar positivo en lo del cubalibre, pienso quejarme directamente a George W. Bush. Ni al defensor del pueblo, ni al juez Baltasar Garzón ni a Peces Barba ni leches. Después de un año se sabe también que los burdeles de Gijón son muy traicioneros. Antes ibas de incógnito, pedías la consumición a una señorita que fuma, le dabas candela y salías relajado. Como mucho y tirando muy arriba, te encontrabas de lejos con un conocido de Villamanín. Ahora, por el contrario, no sabes si lo que te echas al estómago es garrafón o pura dinamita, ni si te vigila todo el rato un confidente de los maderos o de los picoletos . A poco que te descuides se corre el riesgo de salir en el Diez minutos . La inseguridad ciudadana llega a extremos que nunca sospecharon nuestras señoras madres cuando, de pequeños, nos llevaban a la Feria de Muestras de Gijón y advertían aquello de «hijo, no vayas a la playa del Tostadeiro, porque abrasa». Sin ir más lejos por los fríos de abril o mayo se ahogó allí la ex mujer del confidente Lavandera, que sabía lo suyo del 11-M, uno que había largado demasiado en vez de achantar la mui . Ella era joven, inmigrante, tenía un rapaz de dos o tres años y dicen que alguien le había calentado demasiado la cabeza por culpa del ex marido. Es lo que tiene de malo el Tostadeiro. Te tuestas en verano o te hiela el alma en cuanto te descuidas en invierno. No es prudente mojarse allí. Por lo demás, están en la cárcel aproximadamente un tercio de los implicados en los sucesos del 11-M, unos a buen recaudo por si se escapan y otros por si largan por esa boca. Otra tercera parte sigue en la calle bajo fianza de toda confianza, como los hermanos, cuñados, primos y demás familia que vendieron la dinamita por las vecinas cuestas de Asturias. Dice el refrán que donde hay confianza da asco y algo muy parecido debe pasar en las comisarías y cuartelillos de Avilés y Gijón, donde, si delinques y cantas, entras por una puerta y luego sales por la puerta grande. Por último, el treinta y tantos por ciento restante de los presuntos pringados en el atentado, a mayores de dormir tranquilamente en casa, siguen teniendo mando en plaza, bien de comisarios o ya con tricornio de comandante para arriba. Todo esto se sabe por los periódicos, los cuales, ya es sabido también, a veces exageran. En cambio, los servicios de información del Estado -el recontraespionaje, que dirían Mortadelo y Filemón- hacen honor a su proverbial discrección hasta el punto de que, más que agentes durmientes, están callados como muertos. Si los terroristas llegaron de Marruecos, un poco más allá de Perejil, dicho sea para orientar a los que no hayan hecho la mili en Ceuta, seguro ya que Bono y Moratinos tienen ya allí una legión de agentes secretos. Y, como la información es «sensible» no ha llegado ni a la radio. O no tienen batería. Nuestros agentes secretos han transmitido unicamente a la superioridad que a las misas del cabo de año o primer aniversario de la masacre, asistirá también el monaarca Mohamed VI, lo cual no deja de añadir a la celebración más tintes macabros, tanto por lo que sigue sin saberse como por lo que se sospecha.La información recogida por nuestros espías dede el país enbarcadero de las pateras o es nula, o son nulos ellos, o, lo ya dicho, demasiado secreta y sensible. Tan sensible debe ser que, a lo mejor, han bajado al moro al mismísimo Almodóvar.