A LA ÚLTIMA
Una nación de luto
LA MUERTE del Papa Juan Pablo II ha determinado que las banderas ondeen a media asta, como expresión clara de que la política de un Gobierno puede resultar incluso laica, y laicista, pero que hay acontecimientos que desbordan y fuerzas los marcos jurídicos. El Gobierno no es vaticanista. Tampoco desobedeció de manera tan flagrante la recomendación del Papa como lo hizo Aznar cuando la guerra de Irak. Y ahora se ha vuelto a ver una cierta incoherencia: el Gobierno de la nación determinó un día de luto nacional, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la más papista, según cabe deducir, determina que en su comunidad sean tres los días de luto oficiales... En realidad, viene comprobándose por parte de Esperanza Aguirre un cierto pulso hacia el primer dirigente socialista, como si pretendiese desbordar y anular a su líder Rajoy de esa condición de «primer jefe opositor». Es curiosa la interpretación que ha hecho ABC, a tono con esa pretensión de la presidenta Esperanza: «Zapatero se convierte en la oposición a Aguirre». ¿No sería, en todo caso, al revés? Pero regresando al acontecimiento de nuestros días: no hay duda de que los ciudadanos, todos, y sea cual fuere su personal entendimiento y opinión del Papa, están de acuerdo en tributar un homenaje póstumo a un gran hombre, a una personalidad relevante de nuestro tiempo, por más que puedan mantener, y mantengan algunas «reservas mentales». ¿Derribó el Muro de Berlín y el comunismo del Este el papado de Juan Pablo II? No es nada improbable que cooperara en ello, como lo pudo haber hecho el reflejo que en la sociedad de más allá del Telón de Acero tenían las programaciones de las televisiones occidentales. ¿Dio respuesta el papa Wojtyla a todas las inquietudes del hombre de nuestro tiempo? Parece que dejará a su sucesor una ímproba tarea para hacer a la Iglesia más atractiva para unas nuevas generaciones... ¿Satisfizo el Papa, o comprendió o alentó las distintas formas y maneras de entender la fe en nuestros días? Parece, más bien, que se instaló entre las doctrinas más conservadoras e incluso reaccionarias, con olvido o menosprecio de las restantes. Habremos de ver si el sucesor insiste o rectifica en las actitudes doctrinales del larguísimo Papado del anciano polaco...