Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La tierra, para quien la trabaja

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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UNO DE LOS PROBLEMAS que se nos van a presentar antes de que el mundo acabe de dar su consabida vuelta alrededor de su eje, es la decisión de los llamados países ricos y solidarios, de cerrar sus cajas de socorro y sugerir a los pueblos que se queden sin la limosna, que se vayan arreglando con lo que tienen. Durante una época llamada de las vacas gordas, gordísimas, España, o séase nosotros, hemos venido recibiendo de los países pudientes, hasta dos billones, con b de bestia. Y estos dineros comunitarios fueron los que engrasaron nuestros mecanismos más averiados y nos pemitieron hacer carreteras y placitas y pantanos y establecer líneas de transporte y permitirnos en suma proclamarnos país grande entre los siete grandes de Écija. Bueno, pues se acabó. O está a punto de acabarse, por más que el incansable viajero que es nuestro presidente del Gobierno se esfuerce en intentar convencer a los países refractarios al mantenimiento de limosnerías, de que al menos nos continúan sosteniendo hasta el año 2013. Esperando, sin duda, de que durante estos años de espera puedan inspirarnos alguna forma de solución, dado que lo primero que se necesita para que el milagro se produzca es creer en los milagros. Y tan convencidos están, por ejemplo, los campesinos, que con carácter de urgencia se reúnen para estudiar a fondo la situación y ver la manera de superar los graves inconvenientes que se nos anuncian. Porque, queridos amigos y compañeros de la madre tierra, los indicios que se acumulan nos indican que para salvarnos de la inundación no nos va a servir ni el arca de Noé. Y estos señores directores de la sinfonía sindical agraria, una vez que se reunieron, bajo batutas diestras y con perfecto conocimiento del instrumento para cada cuerda, han llegado a la infeliz conclusión de que uno de los remedios para el esclarecimiento de la tremenda situación que se nos avecina es la marginación de los profesionales de la política, específicamente dedicados al cuidado y respigueo del campo. Está claro que con esta indicación, nada maliciosa, pero de evidente importancia para la conquista de la independencia de juicio no se van a arreglar las cosas pero al menos no se caerá en la trampa, en la argucia, en la piadosa mentira de promover fantasías orientales para salir del agujero negro. Los más experimentados y por lo que se puede apreciar los más y mejor dispuestos a favor de la salvación de la agricultura nacional han rechazado fórmulas milagrosas como las de la utilización de los medios científicos para sacarle a los hierbajos un interés industrial que el campo no da. Está claro que el campo, como la minería, como Antibióticos no es una cuestión de subvenciones, porque al paso que van las encuestas para la rehabilitación de Europa, no nos quedará ni para pipas, pongamos como producto supletorio las ayudas del exterior. Y así sí que no valen ejercicios dialécticos ni malsanas influencias de algún político enquistado. Los hombres de la tierra han dicho no. Han denunciado que lo que los listos de la parroquia proponen es caro y de muy dudosos resultados y no vayamos ahora a caer en la genial ingenuidad de aquel general dominante, empeñado en conseguir que los automóviles funcionaran con agua de lluvia en lugar de gasolina. Hace ya muchos años fui un poco campesino desde el barrio de La Corredera. De ahí me debe venir esta tristeza mía, contemplando cómo se muere la tierra, tan callando...

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