LITURGIA DOMINICAL
No tengáis miedo
LOS PERIÓDICOS nos han contado hace unos días cómo en las cárceles se buscan, adoctrinan y preparan los futuros combatientes de los grupos terroristas islámicos. Se les inculca el odio hacia los infieles -es decir, los cristianos- y se les educa para superar el miedo incluso a la muerte. Se les dice que «la guerra contra los infieles, en todos los lugares y de cualquier forma, es un sueño, un ideal, un privilegio de Dios». Un grupo social o una cultura que parte de esos principios será difícilmente dominada por la fuerza. Los que sueñan con su integración no deberían olvidar estas hondas raíces de su comportamiento. Tras los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, el escritor José Saramago partía de esta realidad para afirmar que la fe es causa de fundamentalismos y de la violencia que se desata por el mundo. Los verdaderos creyentes se han apresurado a desmentir sus asertos diciendo que la violencia no brota de la fe, sino de la utilización de la fe para otros intereses. Del amor al amor Podría parecer a primera vista que estos mensajes se parecen al que Jesús dirige a sus discípulos en el texto evangélico que hoy se lee en nuestras iglesias: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (Mt 10,28). Estas palabras se insertan en el discurso con el que despide a sus discípulos al enviarlos a la misión. Jesús les pide que anuncien la verdad en la certeza de que un día será conocida. Y les promete que Él se pondrá de parte de los que se hayan puesto de parte de Él ante los hombres. El próximo domingo leeremos la segunda parte de este discurso, que nos ayudará a comprender mejor el texto que hoy se proclama. De todas formas, hoy ya podemos observar que Jesús no enviaba a los suyos a poner bombas, sino a anunciar la misericordia de Dios. No suscitaba la arrogancia, sino la humilde confianza en el Dios que se cuida hasta de los gorriones. No exhortaba a matar sino a salvar el cuerpo y el alma, es decir, la existencia integral de la persona. Y sobre todo, una cosa es absolutamente clara: el mensaje de Jesús no nace del odio ni lleva al odio. Brota del amor y al amor invita. Serena confianza En el texto evangélico que hoy se lee se repite por tres veces el mismo mandato: «No tengáis miedo». Esta orden se encuentra más veces en los textos sagrados. Eso indica su importancia. ¿ «No tengáis miedo». Es éste un mensaje dirigido a cada uno de los cristianos, tantas veces asustados por las reformas legales o políticas que parecen encaminadas a eliminar la fe. o «No tengáis miedo». Este mensaje interpela a la Iglesia entera que, guiada por el Espíritu, está llamada a anunciar el Reino de Dios repitiendo humildemente los gestos y palabras de Jesús ¿ «No tengáis miedo». Un mensaje como éste tiene como destinatario al mundo entero que no tiene por qué temer a Dios como si fuera enemigo de los sueños y proyectos humanos. - Señor Jesús, tú nos envías a este mundo para anunciarle la buena noticia de tu presencia salvadora y para invitarle a vivir de forma humana. Líbranos del miedo y afianza ti nuestra serena confianza. Amén.