Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Subir y bajar la cuesta

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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EL CANCIONERO LEONÉS no da para mucho, pero todavía conserva, entre sus músicas mejor acordadas alguna de esas colas que como los Romanceros o la Flor de los Refraneros, como el del Marqués de Santillana, pueden ser debidamente utilizados para establecer el grado de oportunidad y conveniencia de su uso. Por ejemplo, cuando se dice o se canta o se murmura: «Subir y bajar la cuesta/ y ganar poco jornal/ eso no me tiene cuenta»... Si de verdad, como se dice en las escuelas de música del país, la letra de las músicas populares amansa a las fieras, los leoneses tendríamos que sentirnos como corderitos lechales. Porque subir y bajar la cuesta de los precios ya estamos hasta la cúspide del cuello y la cuesta de enero como la de febrero y sus sucesores, nos está dejando sin respiración y sin medios físicos y económicos para superar tantísima dificultad como representan. El ejercicio comercial del precio de las cosas, tiene en León y en los leoneses su signo más emblemático y mejor manejado: Aquí, cuando el comercio, o la industria, o la liquidez, no consiguen moderarse ni con la recomendación episcopal, dicen los estadistas que ello obedece simplemente a la pertinaz sequía, como se repetía en los tiempos de Franco. Solamente falta añadir que la culpa de tan extravagante fenómeno es de los judíos, de los masones y de los comunistas. Pero es que ahora, si no jugamos todos al escondite inglés, no hay, que se sepa, ni comunistas activos, ni masones con mandil, ni judíos para jolgorios vinícolas de Semana Santa. Ahora, lisa y llanamente, lo que sucede es que los industriales y los comerciantes y los profesionales del truco han crecido que es una barbaridad y así que el padre que no sabe qué hacer con la chica y menos aún con el chico, les pone un comerciuco abarcable para que vayan viviendo hasta conseguir un cargo en el Ayuntamiento o una diputación en la Excma., al cabo de una semana de ejercicio, aún sin pagar la primera hipoteca, ya pretenden ganar más la Minero Siderúrgica de Ponferrada, por ejemplo. Y para ello, no se les ocurre otra operación que la de aumentar el precio de las cosas de los hombres de las mujeres traidas en patera o del aprovechamiento de las subvenciones oficiales, como la banda de Antibióticos. El resultado de este entendimiento de lo que es o debe ser la industria y el comercio es que, el consumista, el cliente, cada día más apretado de fondos y de resistencias, reduce los capítulos de sus gastos obligatorios hasta convertirlos en un sueño oriental. Y León, por ejemplo, por no ir más lejos, se convierte en la capital más cara del reino. Cuando el de los ultramarinos, que efectivamente no parece sino que sus artículos o productos les trae de América, por aire, nos informa que el precio del tomate, entre otras variaciones de la economía de mercado, ha encarecido un 54% en el presente ejercicio, y que el aceite, sea aceite virgen o aceite violado, en más de un 13%, comenzamos a agonizar a precio lento, pero seguro. Y que nadie nos venga con explicaciones técnicas ni con discursos electorales. Vendemos más caro porque vendemos menos, y vendemos menos porque vendemos más caro. Y así un día y otro día, hasta que en razón o sinrazón de la carestía, el leonés, con papeles o sin ellos, termine su derrota, como el protagonista del tango del filósofo Gardel: «solo, fané y descangallado».

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