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LUIS ARTIGUE
León

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SÍ, NECESITAMOS EL ARTE para que la mala televisión no cope el número de nuestras imágenes mentales; necesitamos el arte que refleje la vida, o que la potencie, o que la intensifique, o que declare sin ambages su fracaso. Necesitamos ese arte verdaderamente comprometido que apela a nuestra inteligencia al tiempo que nos recuerda que saber mirar es una disciplina, como saber soñar. El arte intemporal más que contemporáneo¿ Acaba de inaugurarse en la sala que Caja España tiene en Ponferrada una exposición de pintura del artista berciano -afincado en Salamanca en cuya Universidad es profesor de Bellas Artes- Fernando Vázquez Mourelo. Y me ha conmocionado por su radicalidad emocional, por su extrema desnudez, por su conciencia contagiosa, por su extraña belleza¿ Tengo un amigo esquizofrénico que me ha enseñado que, a la hora de observar en conjunto la obra de un pintor comprometido, claro, conviene analizar cuál es la relación que dicho creador tiene con el color rojo. Y sin duda eso sólo puede hacerse asomándose a los cuadros con el alma por delante, con afán de atravesar, con mirada de toro de lidia ¡No más lejos, más hondo! Pintar es una de las formas que tiene el ser humano de mejorarlo todo y, por eso, el arte acaso aún constituya hoy la protesta más certera pues un cuadro sí puede cambiar el mundo al ampliarlo, o explicarlo, o desfigurarlo¿ Teniendo eso en cuenta esta honesta y arriesgada exposición supone todo una apuesta por el lenguaje personal insertado en la tradición canónica. Sí, todo un elogio del canon, de las raíces, del respeto al origen que tiene siempre quien conoce y ama el oficio que ha elegido. O que le ha elegido... De todo eso hablan sin palabras sus cuadros o páginas de diario, pero principalmente esta muestra en realidad cuenta la historia de un hombre cualquiera que una mañana se despierta, se levanta, mira el reloj, enciende un pitillo, se lava la cara y, ante el espejo, descubre que a partir de ese instante quisiera ser otro. Por eso aquí destaca el intimismo trascendente, el más allá del yo y de la corrección política, el grito, la niebla inquietante de cuadros que parecen advertencias. Sí, metáforas visuales que no recrean la realidad sino más bien la explican porque, como insinúa la obra titulada «Stand by Pass», todos caminamos por el mundo como sonámbulos, zurumbáticos, pequeños puntos de fragilidad y luz en medio del universo. Por eso necesitamos este desensimismamiento -el más allá del yo que es el arte- para que la mala televisión no cope el número de nuestras imágenes mentales. ¡Necesitamos esta exposición! Fernando Vázquez Mourelo, como todo astronauta, como todo ángel, nos lleva al más allá. Y es que este creador y profesor vocacional está preparando una tesis doctoral sobre la ideología y el compromiso en la pintura del siglo XX, y acaso por eso toda su obra refleja una idea comprometida del mundo. Sus temas, sus imágenes en distorsión, sus gestos, sus zarpazos a veces rayanos en la abstracción nos equivocan y nos echan el alto, nos detienen y nos ponen contra la pared -contra el cuadro hemofílico- como diciéndonos que más que intentar gustar hoy su obra trata de inquietar constructivamente para que no nos sumamos todos en la mera complacencia. Para que el arte además de precio también posea valor. Sí, pintura comprometida porque la resistencia también tiene su ética y su apego a la belleza, porque al pintar un cuadro se sigue siendo un ciudadano, porque la libertad no es una condición sino un logrado estado del alma. Es pintura vigilante, trascendente, blanca como las paredes de un neuropsiquiátrico aunque también roja como cada latigazo de la vida; pintura en carne viva tan necesitada de nuestra mirada terapéutica como nosotros necesitamos la creación plástica que nos comunique y espolee¿ ¡No se la pierdan!

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