Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

Religión de supermercado

Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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EN una reunión de profesionales uno critica al Papa Benedicto XVI por haber denunciado el consumismo en la Jornada de la Juventud de Colonia. Es una crítica calcada de los medios de comunicación. Evidentemente a muchos les interesa jugar a la confusión. El Papa no ha condenado por esta vez el consumismo, ni siquiera el de los jóvenes. Bien pudiera haberlo hecho, vistos los efectos que produce, como el deterioro del medio ambiente o la desigualdad escandalosa entre las personas y los pueblos. Pero esta vez su discurso era más novedoso e inesperado para muchos. Lo que dijo el Papa es esto: «Junto al olvido de Dios existe como un boom de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la «medida de cada uno» a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte». El envío a la viña La religión a la medida de cada uno nos lleva al supermercado. Ante la estantería uno elige lo que le conviene. Toma esta verdad y deja la otra. Se lleva estos ritos y prescinde de aquellos. Acepta este mandamiento, pero ignora los demás. Y así va llenando la cesta o el carrito, como si la religión se solucionara en una tarde de compras. En el evangelio de hoy, se nos ofrece la segunda de las parábolas de las viñas (Mt 21, 28-32). Un padre tiene dos hijos. Los envía a trabajar a la viña. Uno se niega a ir, pero al fin va. Otro parece obedecer, pero no va. El primero merece aprobación. El segundo, no. La parábola responde a los conflictos que surgían en las primeras comunidades. Unos hermanos venían de un judaísmo, cumplidor y formalista y otros llegaban de un paganismo escandaloso. ¿Cómo se demostraba la verdad de la fe? En la sinceridad de la obediencia a Dios. El relato nos invita a revisar nuestro espíritu farisaico, formalista e hipócrita. Pero también esa religión de consumo, fabricada al gusto de cada uno, sin referencia a la voluntad de Dios, que nos permite ser religiosos sin ser creyentes. Y la respuesta agradecida No deberíamos olvidar la invitación del Padre: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». En ella se nos revela lo fundamental de nuestra fe: - En primer lugar, el Padre es quien tiene la iniciativa y quien marca el camino. No somos nosotros los que nos inventamos el modo de ser creyentes. La fe es sobre todo vocación, es decir, respuesta a una llamada. - Por otra parte, nuestra fe nos dice que el Padre no nos trata como a esclavos sino como a hijos. Y espera que nos asociemos libremente a su proyecto. En esa colaboración está nuestra gloria. Por obedecer sus planes no somos menos hombres. Todo lo contrario. - Por último, frente a los dos hijos -el que dice que no pero cumple y el que dice que sí pero no cumple- se alza la imagen del Hijo eterno que acepta la voluntad del Padre y la lleva a cumplimiento. El es nuestro modelo y nuestro guía. Su obediencia orienta la nuestra. - Padre nuestro, que nos has llamado a trabajar a tu viña, agradecemos tu llamada y te bendecimos por el honor que nos confías. Amén.

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