Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La culpa no es siempre de aquel maldito tango

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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SABEMOS EL RIESGO que corremos, pero nos importa decir, para general conocimiento y efectos consiguientes, que no siempre cabe achacar la culpa, las muchas culpas de que adolece nuestra sociedad (que nunca es nuestra por cierto, sino todo lo contrario) pues decía que no siempre cabe atribuir la culpa de los errores que se cometen en la ciudad a los hombres y mujeres que se han decidido a cubrir plaza en alguno de nuestros organismos. Ni por supuesto tampoco consecuentemente es justo suponer maliciosamente que todos o los más significados acepten el cargo o el servicio por meter la mano en el cajón del pan, aunque no faltan quienes sí lo hacen y buen provecho. También tenemos nosotros, usted y yo y el maestro del colegio de nuestros hijos, tal porción de la gran culpa nacional, que convendría que antes de establecer culpas ajenas y pedir la dimisión y hasta el encarcelamiento de los presuntos culpables, revisáramos nuestros comportamientos y comprobáramos si no sería conveniente que cargáramos con la parte que en la gran culpa nacional, provincial o local nos corresponde a cada uno. Se escuchan denuncias sobre la ferocidad de los ruidos, sobre la inseguridad ciudadana, sobre la carestía de la vivienda, sobre el asalto de los italos de Antibióticos mediante el uso y abuso de la paciencia general (dicho en latín macarrónico: ¿Hasta cuándo, Catilina patientia nostra?»), y cuándo comenzamos a deshacernos de la carga de los hijos, entregándoles maniatados a guarderías y escolanías, se produce la enorme inculpación de que los padres abofetean a los hijos, y los hijos a los maestros y los compañeros sentimentales a las mozas enamoradas. Y de todo ello y de mucho más que no mencionamos siquiera por temor a que nos lleven ante el señor juez de guardia, culpan al Gobierno, a la Diputación, al Ayuntamiento y no extienden la denuncia contra el Cabildo Catedral porque desde aquello del Quijote advirtiendo cuando se topa uno con la Iglesia podamos salir descristianizados. Y no, repetimos, no siempre ni en todos los casos tienen la culpa los unos o los otros sino todos. De lo que se aprovechan los espíritus puros, para intentar corregir la acción de gobernantes, maestros, padres y demás familia, a los cuales se les imputan todas las culpas y hasta incluso para tener ocasión de acusar a quienes queremos desbancar inventamos errores y malversaciones, por ejemplo, elevando a categoría de incursión penal lo que no es sino una fórmula legal para cumplir con un deber general. A veces en la prensa nuestra de cada día y en los distintos medios de asalto y anulación del contrario que tienen las sociedades abiertas, se declara que el alcalde, por ejemplo, o el presidente, es un decir, son los responsables de que no llueva no faltan ingenuos que se tragan el mensaje y solicitan con urgencia la dimisión de los unos y de los otros a los cuales atribuyen todos nuestros males, sin querer entender que la culpa es de todos. A lo largo, a lo ancho, a lo alto y a lo bajo del tiempo que me ha sido concedido, he podido comprobar el paso de gente bien dispuesta por más que no siempre suficientemente preparada para el evento de la gobernación de la ínsula, gentes que pasaron por el cargo, sin haberse comido una rosca, lo que no obsta para conocer otra especie de animal político que así que le dieron la oportunidad se comieron todas las roscas del mercado. Una nada nutrida comisión de vecinos me conceder el honor de informarme que el Ayuntamiento se dispone a abrirle las tripas a la ciudad para abrir un nuevo vertedero de vehículos, que llaman «parking», para lo cual, como viene sucediendo desde tiempos ya históricos, se verán obligados a cometer alguna otra herejía. Y me aseguran que la culpa de esta nueva atrocidad urbanística es del alcalde, o del presidente de la Diputación o del Obispo. ¡Y tampoco es eso!

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