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¿Tarjeta o efectivo, señor Noel?
El Corte Inglés pone en marcha la campaña de Navidad con el acto inaugural de la tradicional iluminación que adorna las fachadas, confeccionada con un mural de 40.000 bombillas
Anoche, los chaquetones de piel todavía dormían al abrigo de la elegancia, que percha es lo que les sobra. El coche de radiocontrol con el 5 de Fernando Alonso y las pilas sin estrenar, pasaba la madrugada a cubierto, en una caja de cartón azul, silueteada con los únicos rombos aptos para niños, y orgulloso de que todavía se pueda ser campeón del mundo con un Clío. A los equipos HI-FI de la cuarta planta, temerosos de que la moda de los Home Cinema les haga un sitio en la cola de paro, ni se les abrió la boca, que en pletina cerrada no entran discos de El Fary, y los efluvios de perfumería, con sabor a sacarina y aroma de pétalos, aleteaban entre columna y columna, con pocas ganas de aterrizar, por no volver a levantarse hoy por la mañana. Anoche, los edredones azules, amarillos y verdes se acordaban de Blancolor. Fue justo cuando, de la profundidad de la noche, surgió un rayo blanco para iluminar, aquí, figuras de casi cuatro metros cada una; allá, palmeras de seis o siete metros, y anunciar que en las antípodas de la primavera, ya es Navidad en El Corte Inglés. Anoche, a las 40.000 bombillas del cuadro se les calentó la cabeza al unísono, y el verde del triángulo con caligrafía de niño que preside la mayor cúpula de La Chantría, se fundió con el uniforme rojo obligatorio para despedir el año donde quiera que el mundo es mundial. La casa de las ilusiones Anoche sonó un sólo click, el único que no vende Famóbil, para ordenar a cientos de miles de vatios darse un voltio por el kilómetro y medio largo de tendido eléctrico que adorna la fachada de la casa de las ilusiones para los pequeños, que aunque que la vida luego, traspasada la barrera de los nueve años de edad, ya no la escribe Walt Disney, siempre guarda un rincón donde en vez de cuartos oscuros hay fantasía. Anoche, empezó la cuenta atrás para que una mañana de estas, la del 25 del mes que viene, por poner un ejemplo, el árbol de Navidad amanezca repleto de regalos. Y nadie sabrá que la noche anterior, a los vigilantes de la planta de caballero, les habrá entrado un sueño tan repentino, que no verán entrar por la ventana a un señor gordito y de barba blanca, que dejará los renos en el tejado, en lugar de en el párking -3, para llenar un carrito de ilusiones y unas cuantas cestas de felicidad. Y hasta pudiera ser que una estrella de Oriente le recomiende que no pase por caja, que a tan entrañable factura no le va bien un 10% de descuento, si no es en Cortycoles, y ya es tarde.