CRÉMER CONTRA CRÉMER
¿Tiempo de paz?
PARECE SER QUE SÍ, que efectivamente y al cabo de un tan prolongado tiempo de alteraciones, de manifestaciones, con o sin sacerdotes, de agricultores, pescadores y demás gente de vivir irregular, parece ser digo que al fin se ha llegado a un acuerdo: los unos y los otros, sin duda persuadidos de que con la navaja en la mano o la bomba en la encrucijada no se consigue nada positivo para el mejor servicio de la comunidad, ha depuesto toda actitud beligerante, para convertirse por la influencia de la Santa Navidad, en seres civilizados, leídos y amigos del monte y las morenas. Y como si los españoles, escépticos en materia política, no aceptaran de buen grado las claras señales de fraternidad, de amor al prójimo y de la asistencia a los enfermos de Nigeria, nada menos que dos ministros, dos, del grupo activo de don José Luis Rodríguez Zapatero, han decidido a su vez abandonar el uso de las armas, de los improperios y de la maledicencia, y se han dado la mano, un abrazo fraterno. Y a punto estuvieron de besarse los ínclitos y esforzados miembros del equipo gobernante, Don José Bono y Moratinos, ambos a dos decididos a no saludarse ni en los pasillos del Congreso por si el uno adelantándose al otro anunciando que España había acordado vender aviones a Somalia o a no se sabe qué otro país igualmente necesitado de aparatos de vuelo corto. Se retiraron el saludo, se devolvieron las cartas y se asegura que el señor Bono retiró hasta el rosario de sus antepasados más ilustres, dado en señal de amor eterno al señor Moratinos, empeñado en meterse donde ni le correspondía ni le llamaban. Públicamente y aprovechando una feliz oportunidad, ambos ministros tomaron la decisión de olvidar querellas insignificantes, como puede ser la de vender aviones a Venezuela, a Abisinia o a Somalia. Y aquí paz y después gloria in en excelsis deo. En vista de la cual, la señora concejala del Mayor, que es esta del mayor función municipal para mí desconocida, y aprovechando que la Navidad ha venido en León para todos, presentó un programa de festejos, de homenajes, de exaltaciones dedicadas con todo cariño municipal a los mayores, que, oiga, pone de manifiesto hasta qué punto el ejemplo de planificación general de los señores ministros ha calado en el espíritu, generalmente bastante cicatero de nuestro concejo, que al fin ha sugerido la real presencia de seres mayores de edad, de dignidad y desgobierno y de la necesidad de que el municipio, abandone siquiera sea por un tiempo, su fidelidad al deporte profesional, que tantísimos fracasos nos proporciona y tantísimos dineros nos cuestan, para dedicar sus atenciones y sus denarios al hombre, a la mujer, al ancianito y a la señora vetusta, a fin de hacer su final lo más placentero posible, dando por aceptado cristianamente que el ser viejo y poderse morir de un momento para otro, tenga algo de placentero. ¡Aleluya, señora benefactora de los mayores! Los que van a morir le saludan y agradecen sus buenas intenciones. Pero, mi distinguida señora o señorita, los mayores no necesitan funciones de teatro, ni canciones regionales a grito pelado, ni bailongos de aldeona, ni músicas a cielo abierto. Lo que los mayores necesitan, necesitamos, es seguridad en la calle y en la tienda donde se venden garbanzos y pan de pueblo, puestos de trabajos, centros de acogida, hospitales y escuelas, con Don Quijote o sin él, pero escuelas donde el niño español o el acogido pueda aprender las letras y los números. ¡Lo demás, señora o señorita y usted perdone, son coñas maragatas...!