Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

¡Déjeles en paz, don George!

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VICTORIANO CRÉMER
León

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EVO MORALES, RESULTO elegido presidente de Bolivia, en unas elecciones democráticas, en las cuales cada boliviano votó a quien le dio la real gana. Bueno, pues va el señor George Bush, que es a su vez presidente también democrático, aunque con recelos, y comienza a ponerle pegas al boliviano, argumentando se supone, que no le gusten las relaciones de éste ni con el señor Chaves, tan presidente de Venezuela como el señor George de los Estados Unidos, ni la del no menos presidente de su pueblo que lo demás, pero de la Cuba de Fidel, que es persona que no le cabe bien al tal señor de los anillos de hierro. Y los mismos recelos pone el susomentado señor George, con el presidente de la Argentina y no se sabe si le sucederá algo con el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero. O sea que todos los países de todo el universo mundo, o se entienden con el señor George o éste les retira el saludo y no les mandara la sexta flota por tener a esta ocupada en sus labores de dominio democrático en el Oriente medio y en el Oriente total. Y estos y otros países democráticos o episcopalianos se quejan, bien se conoce que sin esperanza de ser atendidos por lo que juzgan como una descarada intromisión en los asuntos propios de cada país. ¿Qué diría el señor Bush si a los cubanos, por eso de Guantánamo, les diera por acusar a los Estados Unidos y a su presidente de terroristas o de malbatadores de la vida política de su país? Por supuesto damos como seguro que no le gustaría y que como consecuencia de esta intervención, que nadie ha pedido, mandaría a sus tropas de marines para que no dejaran en pie ni uno solo de aquellos que tuvieron la audacia de poner en tela de juicio su talento, su generosa suficiencia para entender las respectivas situaciones de cada pueblo. ¡Haga usted un esfuerzo, señor Bush, y deje en paz a esos pueblos que tiene usted prácticamente sojuzgados sin permitirles abrir la boca para respirar! ¡Deje en paz al Universo Mundo, don George y concédanos la paz de los valientes! Los españoles de La Corredera Leonesa le tenemos toda la admiración que se merece a su pueblo y ni en tiempos de pesadilla se nos ocurre pretender que el presidente le ponga dificultades a su manera de gobernar ni de aplicar la pena de muerte. Somos respetuosos con los americanos del Norte, sean éstos blancos, negros o amarillos-limón y en lugar de enviarles a la legión para que enderecen sus pasos por donde a nosotros nos convenga, le concedemos espacio, tiempo y confianza. ¡Haga usted lo mismo, don George y deje en paz a estos pueblos que quieren vivir su vida, no la que a usted le salga de la gorra! En este tiempo en el cual parece preceptivo solicitar la paz de los hombres de buena voluntad y se espera siempre la llegada de los reyes magos cargados de bienes de uso doméstico, no nos joda usted la ceremonia y deje en paz a sus vecinos y a los que no le son gratos. Piense, señor presidente de los Estados Unidos, que tampoco usted es santo de la devoción de la mayor parte de los seres de este mundo ni de los del otro.

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