A LA ÚLTIMA
Virtudes
AL MARGEN de las interpretaciones que oiremos estos días, la remodelación del Gobierno que decidió Rodríguez Zapatero tiene una virtud indiscutible: mantener oculto el ejercicio del poder. Y es que conocemos ya una parte sustancial del libro de instrucciones que debe estudiarse todo ministro socialista para continuar tan tranquilo en su poltrona. La primera es elemental: para seguir de ministro es importante estar mal valorado por la opinión pública española. José Bono no lo tuvo en cuenta y se ha quedado compuesto y sin novios (de la muerte, por supuesto). Él debía creer que ser el miembro mejor valorado del Gobierno, incluso por encima del propio presidente, constituía un detente cese de efectos infalibles... Pero no. Estar en la cola del aprecio ciudadano: ¡eso sí que da seguridad! Ya lo saben, pues, los que se quedan: a imitar a la ministra de Cultura. No es fácil, pero el estímulo resulta irresistible: el que lo logre, no saldrá del Gobierno ni a golpe de barreno. Segunda instrucción: ser, sencillamente, un mal ministro. Serlo bueno, como lo ha sido el de Interior, no llega para seguir ocupando el ministerio. Al igual que Bono, Alonso podía confiar en su prestigio popular. Pero también en que su impecable gestión no iba a serle retribuida con el cese. Mas ahí lo tienen: traspasado a Defensa, pese a haber hecho en Interior lo que se espera del que ocupa esa cartera: luchar contra ETA sin cuartel, mejorar las dotaciones policiales, confiar en los tribunales de justicia, y defender la legalidad que ha permitido a la democracia española forzar a los terroristas a declarar un alto el fuego. La tercera instrucción se deriva de la experiencia de la ministra de Educación. San Segundo veía aprobada la ley de educación por la que llevaba meses peleando y se sentía en el cénit de su fama. Grave error, pues el libro de instrucciones indica que para seguir en el Gobierno lo mejor es no sacar leyes adelante. Si lo haces, te cesan el mismo día en que las Cortes te dan el empellón. Que lo es, desde luego: hacia la calle. Sólo cabe esperar, visto lo visto, que a los arcanos que desvelan los salientes no se añada el que descubre el gran entrante. Pues si Rubalcaba llega por buen negociador, y piensa tratar con ETA como lo hizo para sacar adelante el Estatut, ha llegado la hora de proclamar ¡que Dios nos coja confesados!