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Cae el último gran capo

Bernardo Provenzano, el jefe de la Mafia siciliana, fue detenido ayer en su domicilio de Corleone, tras permanecer más de cuarenta años en búsqueda y captura

Fotografía de Provenzano en los años 50 y dos retratos robot

Fotografía de Provenzano en los años 50 y dos retratos robot

Publicado por
María Signo - corresponsal | roma
León

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Tras más de cuarenta años fugitivo, ayer en Sicilia (Italia) agentes especiales de la policía de Palermo consiguieron de-tener a Bernardo Provenzano, capo de la Mafia. Escondido de la Justicia desde 1963, era el delincuente más buscado de Italia tras haber sido condenado a cadena perpetua por varios delitos. La detención de Provenzano tuvo lugar en una casa de campo a tan solo dos kilómetros de «su casa» de Corleone. Allí estaba desarmado, vestido con una camiseta y vaqueros. En los bolsillos los investiga-dores encontraron algunos de los pizzini, papelitos con notas con los que se comunicaba por escrito con sus hombres y con su familia ya que desconfiaba de los teléfonos. En la vivienda, el jefe mafioso estaba protegido por sus lugartenientes y varios parientes cercanos. Tras haber dado sus datos personales, Provenzano fue trasladado desde Corleone a Palermo en un helicóptero. A su legada a la comisaría, escoltado por agentes con pasamontañas, lo esperaba una multitud curiosa entre la que se han escuchado gritos de «bastardo» y «disonore» (deshonor). La operación estuvo coordinada por la Policía de Palermo, el Servicio Central Operativo y la Dirección Centras Anti-Crimen quienes no ocultaban su alegría por la detención de Provenzano. Los pizzini El capo ha sido traicionado precisamente de los billetes que usaba para comunicarse, los pizzini . Interceptando una serie de ellos dirigidos a su esposa, que vive en Corleone, se ha podido llegar hasta él. Además la policía ha seguidos dos paquetes de ropa que la familia le enviaba y que a través de una cadena de «correos», llegaron hasta la casa de campo sin volver a salir de ella, lo que demostraba que habían sido recibidos por el destinatario. La policía no ha usado ni confidentes ni soplos, sólo la paciencia en un «territorio en el que es más fácil encontrar un enemigo que un amigo», según contó Giuseppe Pignatone, uno de los fiscales de Palermo. La expectación que ha levantado no solo en Sicilia sino en toda Italia la detención de Bernardo provenzano tiene mucho que ver con el misterio que rodea su imagen. En los últimos meses, tras la realización de una retrato robot se ha podido «imaginar» como sería el boss. Todos ansiaban poder comprobar si se «parecía»a las fotos policiales: delgado, con una corta barba blanca y con gafas, Provenzano es «idéntico» al de las fotos. Durante más de cuarenta años a Bernardo Provenzano solo se le conocía por una vieja fotografía de 1958. Ser uno de los hombres más buscados de Italia no le había impedido dirigir la Cosa Nostra siciliana como un verdadero padrino. Nacido en Corleone, sus hombres lo conocían como Zoi Binu. Cuando en 1993 la policía italiana consiguió dar con el capo Totó Riina, también prófugo de la ley, Provenzano tomó las riendas de una Cosa Nostra diezmada tras arrestos y confesiones de los «arrepentidos». Según la Fiscalía de Palermo a él se debe el «pacto» entre las familias de Palermo y el clan Corleonés que ha trasformado a la mafia de hoy en día en una sociedad de la que apenas se habla.

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