Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Relevo de la guardia

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VICTORIANO CRÉMER
León

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SE VEÍA VENIR. Se adivinaba. La paloma no se equivocaba. Después de la tormenta tenía que venir la calma. Se necesitaba sosiego, reflexión, paso corto y vista larga. Y sucedió. Silenciosamente, sin dar cuartos al pregonero, sin permitirse siquiera confidencias entre compadres. Una mañana cargada de lluvia, con las matracas de la pasión prestas en las espadañas de los templos de la Virgen de las amarguras, se escuchó la noticia: El señor jefe del Gobierno, el leonés, Zapatero había decidido proceder al relevo de la guardia. No porque la dotación general de colaboradores no cumpliera debidamente con su deber, sino porque no eran éstos los personajes que los nuevos tiempos exigían. Había que cambiar el puesto de cada uno en el sitio en el cual cumpliera con mayor rigor y eficacia los distintos movimientos que les estaban reservados. Se había producido, lo quisieran o no, determinados grupos políticos, acciones importantes que sin duda habrían de determinar un cambio de posiciones. La ETA había enviado un mensaje anunciando el alto el fuego. Y esta pequeña revolución imponía forzosamente una revisión de la guardia. Y se produjo, sin irritación, sin escándalo, sin alteración del curso de los astros: Rubalcaba, el Mago Merlín de la organización, pasaba a ocupar, con todas las garantías, sin necesidad de simulaciones ni habilidades dialécticas, el puesto más responsable para un tiempo de diálogos entre los unos y los otros. Y el ministro de la guerra, señor Bono, optaba por retirarse por el foro abandonando sus armas en manos de otro leonés, que fuera impávido, y seguro y leal ministro del Interior. Y como pinceladapolítica de obligado colorido en la composición, se nombraba Ministra de Educación, sin duda el más controvertido y desangelado menester de cuantos cubren el expediente político del jefe de Gobierno, a Doña Mercedes Cabrera. Y punto. Aquí no ha pasado nada. Murieron cuatro romanos y cinco cartagineses. Y el proceso sigue su curso. Para lo cual Otegi abandona la cárcel y se advierte un serio movimiento a favor del indulto de tantísimo encarcelado como tenemos. Prácticamente la dotación ministerial sigue lo mismo: Zapatero al frente de la hueste, y doña Teresa Fernández de la Vega al quiete. Los ladrones en Marbella juegan al mus y a lo largo y a lo hondo de la España pasional se reproducen los compases de la pasión. Tiempos son éstos efectivamente de apasionamiento y de torpezas y habrá que encomendarse a la virgen morena y mártir de nuestro barrio para que acabe de enderezar nuestros pasos hacia la paz. Todos los infortunios de los seres humanos, anotaba Pascal, son consecuencia de no saber estarse tranquilos en sus casas. Para alcanzar ese estado de gracia que es la tranquilidad se hace indispensable saber a dónde queremos dirigirnos. Cromwell, aquel fabuloso peligro inglés aseguraba que nunca se va tan lejos como cuando no se sabe dónde se va. ¿Lo sabemos ya nosotros?

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