Gente de aquí y de allí | Lección de lengua española
En busca de tesoros leoneses
Un grupo escocés de estudiantes de español descubre en la provincia de León el rico patrimonio histórico y paisajístico como parte de una clase práctica de una semana
Volaron de Glasgow a Londres y de la capital británica a Villanubla (Valladolid) y allí, tras dos horas de espera a un autobús de línea y otras tantas de carretera, lograron llegar a León y asistir, durante una semana, a unas singulares clases de español. Son escoceses, en su mayoría profesionales jubiladas, que estudian lengua castellana y cultura española en universidades y colegios de Glasgow. Allí dan clase las leonesas Noemí y Ángela Tejerina que les propusieron descubrir los tesoros leoneses en una semana, viviendo en familias. Aquí encontraron «la España real», en lugar de la estereotipada estampa de sol y pandereta. En ocho días destaparon los secretos más populares de una ciudad «gótica y muy antigua, monumental», «el carácter agradable de la gente», «jóvenes menos agresivos que los escoceses» y unas «calles muy seguras» donde les sorprendió especialmente «la limpieza» y «ver jugar a los niños», comenta Catherine McFarlane. Sorprendidos por la temprana hora de cierre de los bancos, con más perplejidad miraban la abundancia de cigüeñas en torres y campanarios, «porque indica que el aire no está muy contaminado». Incluso las vegetarianas probaron el jamón serrano y el zumo de naranaja para desayunar fue el placer más sorprendente para la joven Katy Byron, que viajó con su madre, Shirley. El Barrio Húmedo, el calendario de San Isidoro en el panteón de los Reyes, Las Médulas, Cacabelos y las dos joyas de Gaudí en León y Astorga fueron, además de los vitrales de la Catedral, las sorpresas más monumentales. Las curiosas y curiosos estudiantes -ingenieras, funcionarias y guías turísticas jubiladas, un joven que quiere viajar a Latinoamérica y una alumna de secundaria- practicaron el español escudriñando entre las piedras del patrimonio leonés, incluso en la cultura oral. Así, Beth Hunter aprendió una canción popular que cantó al grupo en el viaje a Las Médulas e hizo sus pinitos con las castañuelas. «Es una lengua muy bonita», «me gusta su sonido» y «es muy útil porque se habla en muchos países del mundo», precisaron para explicar su vocación como hispano-parlantes. Hay quien lleva, como Ruth Sirton, 35 años practicando español, la mayoría lo estudia desde hace al menos tres años y las últimas se iniciaron hace tres meses en la lengua de Cervantes. Recomendarán León a sus amigos y amigas y aunque tacharon de «bárbara» la expresión «matar judíos», también la judía Ruth probó la limonada con mucho humor. Gillian Docherty quedó fascinada por la comida que le hacía la familia y lloró en la primera procesion que vio en su vida, la de Viernes Santo. Ena Maguire, fisica retirada, se interesó especialmente por el sistema de pantanos y regadíos. El viaje no estuvo exento de incidencias como el cacheo de Evan Reid en el aeropuerto de Valladolid o el olvido de una maleta en el aeropuerto, que obligó a Shaline Grove a comprar nuevo equipaje en León. León ya no es la bella desconocida, y no sólo para este pequeño grupo de escoceses. La Consejería de Educación de España en Reino Unido e Irlanda ha tenido entre sus «lecciones» prácticas una ruta monumental y turística diseñada por el profesor Miguel Ángel Miguel, otro leonés de la diáspora que ejerce como militante divulgador de su tierra.