Diario de una aventura Desafío extremo Lhotse (8.516 metros)
«Estoy agotado, pero feliz»
Instalado el campo I, casi a punto el II y una vez disipados sus miedos tras escalar la temible cascada de hielo, Calleja descansa unos días antes de continuar su aventura

Queridos amigos, hoy día 24 he regresado de instalar el Campo I y dejar casi instalado el campo II. Partí el día 23 y tuve que quedarme a dormir en el campo I a 6.060 metros, de esta manera consolido mi aclimatación y me traslado al campo II a dejar junto a mi serpa un buen porteo, que con otro más quedará definitivamente instalado. Por fin pude escalar la cascada de hielo y matar los miedos que a todos nos atenazan sólo con mirar esta increíble cascada tan caótica y caprichosa que cambia de forma todos los días, y que, al cabo de una semana, hace que el itinerario sea completamente diferente. La escalada transcurrió sin problemas, y en total este año se han instalado 7 escaleras de aluminio para cruzar las gigantes grietas que llegan a tener hasta 50 metros de profundidad. Nunca te acostumbras a balancearte sobre los aluminios de una endeble escalera puesta horizontalmente. Solo mirar al fondo pone los pelos de punta. Al llegar al punto exacto de la tragedia ocurrida hace pocos días en la citada cascada, lo que ví fue un millón de bloques de hielo y debajo, a varios metros, estarán los cuerpos de estos tres serpas. Ahora los que estamos aquí pasamos por encima de estas tumbas de fríos témpanos, y no puedes dejar de pensar en que es una lotería. La escalada continua por verticales pasillos de nieve y hielo entre torres de témpanos, algunos verticales, pero otros ligeramente desplazados hacia delante, hacia la caída natural de la cascada. Estos son los más peligrosos y amenazantes, sin duda todos terminan cayendo. Sólo espero que no lo hagan mientras yo me encuentre aquí. Por fin terminas las verticales pendientes que dan paso al glaciar semiplano por encima de la cascada. Son gigantescos bloques de hielo de hasta 100 metros de profundidad, que se mueven perezosos pero inevitablemente terminan cayendo al vacío de la cascada. Por aquí ya se puede caminar literalmente, aunque hay que asegurarse con cuerdas fijas, pues está lleno de pequeñas grietas que dan pasó a las negras profundidades del glaciar. Noche bajo cero Y al fin, el campo I a 6060 m. Aquí instalo mi tienda y paso una buena noche -aunque a -27º C- donde hacerme la comida, derretir agua para hidratarme, y preparar agua para el día siguiente me lleva 5 horas. A las 8 de la tarde estoy durmiendo después de un agotador día. Hoy, día 24, continúo por el llamado valle del silencio. Un estrecho valle de unos 8 kilómetros, blindado por las altas paredes del Everest y Nupse. Este lugar es mágico, y para mí único en el mundo. Al fin alcanzas el emplazamiento del Campo II a 6.400 m. Aquí dejamos mi serpa y yo el depósito de material y pensamos que en el siguiente porteo podremos montar definitivamente este campo II y quedarnos a dormir para seguir completando la aclimatación. Después directamente del campo I al campo base, no sin antes desandar de nuevo el valle del silencio, para llegar al campo I, y después descender la cascada de hielo. Y por fin el campo base. Estoy agotado, pero muy feliz de haber conseguido llegar en poco mas de 24 horas al campo II, con muchos kilos a la espalda, y encontrarme francamente fuerte. Ahora, dos o tres días de descanso y vuelta a empezar con la cascada de hielo, y después intentaré continuar directamente hasta el campo II, donde pasaré dos noches. Será una paliza, pero evito dormir en el peligroso campo I donde el año pasado una avalancha destruyó el campamento por completo. Pero eso, queridos lectores, es otra historia, que os contaré cuando regrese. Ahora a descansar. Como siempre, mi dedicatoria de la crónica. Esta vez a José, Ganesh, y Sures. ESCRIBE: