CORNADA DE LOBO
Furboleras
ANÓNIMA mujer que anónima vistes y anónima vives a la sombra de tus hombres. Eres paisana cero. Pero eres paisana iraní, mujer persa que está de enhorabuena. A partir de ahora consentirán que puedas entrar a los estadios cuando se celebren encuentros internacionales o importantes. Lo ha dicho de piquito, que no de decreto (o sea, es favor, pero en jamás de los jamases derecho), ese presidente iraní al que le roncan los protones en el cerebro. ¿Jamás hasta ahora habían accedido las mujeres de ese país a esos santuarios de la grada y del grito?... No sé cómo de gigantesca ha de considerarse esta medida en la conquista de los pasos que se niegan a la mujer de la órbita islámica, tan alejada aún de lograr una mínima dignidad femenina, o sea, de persona. Se supone que en una situación de sometimiento absoluto y supeditación a lo masculino, esto de entrar en un estadio podría ser considerado algún día como la puerta de las doscientas conquistas que aún estarán pendientes unas cuantas generaciones o siglos... Seguirán atizando a las mujeres con la palma abierta para no dejar marcas, no accederán a una inmensa mayoría de los trabajos, se las velará el rosto y tendrán que seguir metiendo su cuerpo en un saco de lienzo negro y talar, en las mezquitas se colocarán lejos del hombre (y ante Alá serán huríes del himeneo celestial antes que almas libres y propias), bajarán la mirada ante los hombres, besarán los pies al marido... Pero ya pueden ir al fútbol... ¿También veladas de faz y modositas en sus ropones? ¿Cuándo será imaginable verlas en sus estadios espendoladillas de verbo y atuendo o bamboleando la tetera en camiseta exigua como hacen las brasileñas de meneos y maracanás?... ¿Y cómo se tomarán esa incómoda presencia los paisanos en su propiedad y abono?... ¿Y cuántas iraníes se atreverán a estrenar este favor en esos graderíos donde vocifera el macho y la burla es libre?... O ¿cuánto tiempo, décadas o siglos, han de quemarse en inútil espera hasta que se consienta a la mujer dar otro paso o, no te digo ya, dar simplemente una patada a la pelota?... ¡Cuando meen las gallinas!, pensarán los catequistas del guantazo islámico. Esas mujeres de las tres ces (cocina, crianza y coranes), ¿cómo de a gusto o conformadas están a sus seculares costumbres de no ver, no oir y callar?