Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

El legionario de Cristo

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

ESTE MUNDO nuestro es tan variopinto, tan convulso, tan heterogéneo y confundidor que donde menos te piensas salta la liebre. Con razón, en tiempos gloriosos de los Apóstoles, con Judas y todo en el equipo, se cantaba o se recitaba, con el tono monocorde de los cantos llanos, propios de la clandestinidad de las catacumbas: Jesucristo con ser quien era nació en un pesebre, donde menos se piensa salta la liebre. ¿Quién le iba a decir al casi santo, santo, santo, mexicano, Padre Marcial Maciel que todos sus honores y méritos, todas las prerrogativas acumuladas y todos los numerosos discípulos como seguían su doctrina, habían de convertirse con el correr del tiempo en un motivo de sonrojo doctrinal. Y resulta infinitamente menos soportable la noticia de su quebranto, de su denunciamiento y de su condena al ostracismo religioso, después de que aquel Papa inolvidable y discutido le elevara a las proximidades de los altares, por la creación, invención o fundación de los «Legionarios de Cristo», un grupo de seguidores ultraconservador que cuenta ya entre los seguidores del cura mexicano con más de seiscientos sacerdotes y miles de fieles inamovibles. A San Pablo Wojtyla le caía bien el manito, y le rodeó de bendiciones pasando por alto alguna de sus flaquezas. Porque el Fundador Marcial Maciel resultó que apenas si era capaz de impedir sus caídas ante muchachos jóvenes y guapos y cayó en el pecado de la carne, riesgo que por otra parte tenemos todos los humanos porque somos flacos e impuros por muy temprano que nos levantemos. Murió su favorecedor, Juan Pablo II y alcanzó la cúspide del Vaticano Benedicto XVI, naturalmente tan católico como Marcial aunque menos impuro y a la vista de los informes sobre las desviaciones sexuales del fundador, tomó la decisión de relevarle de sus funciones como fundador, como sacerdote y como ejerciente de cualquier función que tuviera algo que ver con los chicos jóvenes y guapos. Ha sido, sin duda la noticia más relevante de todo el proceso político, religioso y vaticanista desde hace medio siglo cuando menos y que nosotros sepamos. Y si hemos recogido el caso de Marcial no es porque nos complazca referirnos a estos errores o caídas, sean de sacerdotes, de obispos o de monaguillos rijosos, sino por dejar sentada la conclusión de que todos los seres humanos del uno y de los dos sexos, somos frágiles, y estamos siempre amenazados de caer en el pecado, en el latrocinio, en la blasfemia y en la prevaricación y que lo mismo que la sociedad disculpa los tropiezos de Don Marcial, así todos los demás miembros de la comunidad católica, apostólica y musulmana, debemos ser perdonados. Es este el gran peligro que todos hemos de correr. Ya Aranguren dejó escrita una norma inapelable: «Se empieza jugando a que no se tiene fe y al fin resulta que el juego es serio y que no se tiene fe». Y después pasa lo que pasa.

tracking