EL PULSO Y LA CRUZ
El aliento de Dios
Mañana es Domingo de Pentecostés. Claro que decir esto en un mundo postmoderno y postcristiano es, probablemente, lo mismo que decir que es el Día del Estazamiento. O sea, como decir nada. Y es que no sólo andamos en témporas de la perversión del lenguaje, que ya es delito; es que nos han invadido los virus del raquitismo filológico, inducidos por ciertos planes de educación, por el habla esmirriada de la jerga juvenil, por los modismos spanglish y e-mailianos y smsianos y por otras deficiencias coloquiales (perdón; dígase discapacidades, el abogado Zapatero dixit). Lo cierto es que no hay que dar por supuesto que el determinativo de la Dominica (?) de mañana sea reconocido por todos. Es la Fiesta de Pentecostés, o sea, de los cincuenta días. Para los judíos era la fiesta de las Semanas o de la recolección o de las primicias; fiesta grande, una de las de obligada subida a Jerusalén. Y vela ahí que en una fiesta como ésa, allá por el año treinta y tantos de nuestra era, se produjo la maravilla del descenso del Espíritu Santo, el aliento de Dios (éste sí que es el Abogado, con mayúscula), sobre los Doce Apóstoles, a los que acompañaban la Virgen María, la Madre de Jesús, y la primitiva comunidad. Fue el día en que se rompieron las barreras del miedo y de la cobardía, y la jornada en que, con Pedro al frente, la Iglesia se echó a la calle a anunciar lo que había visto y oído: que no había bajo la capa de las estrellas otro nombre que diera sentido y salvación que el de Jesús de Nazaret. Quien quiera más detalles, los puede encontrar en la Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, al comienzo del capítulo segundo; léanlo con criterios sobrenaturales y verán qué delicia. Allí, aquel día, con el soplo del Espíritu Divino, comenzó el tiempo de la Iglesia, por cuanto ella existe para proclamar la Buena Noticia, es decir, para evangelizar. Con buen criterio este domingo ha sido el que se ha elegido en España para celebrar el Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica (o a la inversa, porque tanto monta...). Y con mejor criterio este año se ha fijado un lema que resume todo lo escrito: «Enviados para evangelizar». Todos. Sin excepción. A ver si de una vez por todas somos capaces de superar el mohoso malentendido de que aportar energías a la extensión del Evangelio es cosa de curas, frailes y monjas. Todo bautizado (por eso también el laico o seglar, sea cual sea su sexo, su estado o su formación) está llamado a ser testigo de Jesucristo y de su proyecto en medio de las realidades sociales. En la Provincia Eclesiástica de Oviedo (que está integrada, además de la diócesis citada, por las de Astorga, León y Santander) la solemnidad pentecostal ya se adelantó al pasado 20 de mayo, con un encuentro (el décimo) entre Obispos y laicos, en el que se reflexionó sobre la presencia de la Iglesia en medio de la vida pública de nuestros días. En León, con el fin de calentar motores, la Vigilia tradicional de Pentecostés, hoy mismo, cuenta con un Retiro que dirige el Sr. Obispo (sepan los seglares interesados que es en el Seminario Diocesano, a partir de las 11,30 de la mañana) y una Eucaristía, a las 6,30 de la tarde. Ya ven lo que da de sí el Domingo de Pentecostés. Porque no me negarán que tenemos mucha falta de Espíritu. Y de espíritu. Si sintonizan, mejor. ¿A que sí? Levantemos acta, con aureola románica, del homenaje que la parroquia de Santalla del Bierzo ha rendido a su «cura» (47 años lo contemplan), D. José Voces Jolías, por los cinco decenios de ordenación. Mucho le debe el Patrimonio histórico y artístico de la diócesis de Astorga a este hombre. Y lo que tendrá que seguir debiéndole, porque no está ni por ni para retirarse. Por muchos años, Don José. Mención honorífica para los cerebros de la iniciativa de llevar a los alumnos de los Institutos bañezanos a disfrutar y aprender ante los tesoros arquitectónicos y escultóricos de la parroquia de Santa María. Y para los fieles de Congosto que honraron a la Virgen de la Peña, como para los de Cistierna, que subieron hasta la cueva del santo ermitaño Guillermo. Y para la Unidad Pastoral de Olleros de Sabero, que un año más, y van 18 ininterrumpidos, celebra (termina mañana) la Semana del Enfermo. El aliento de Dios sigue.