Diario de León

Aunque no aumentarán en número, los expertos afirman que serán mucho más potentes

El Atlántico y el Caribe registrarán diez huracanes en esta temporada

La mayor parte de los científicos relacionan su violencia con el calentamiento global

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Miguel J. Tré - león
León

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Coincidiendo con el inicio de la nueva temporada de huracanes, que se prolongará hasta el próximo mes de noviembre, se han hecho público en EEUU dos estudios que concluyen que el calentamiento de la superficie del agua de los océanos es responsable de la presencia de huracanes cada vez más intensos. Los expertos creen, no obstante, que difícilmente se alcanzarán las cifras del año pasado, en el que se batieron todas las marcas en cuanto a potencia y frecuencia. El Centro Nacional de Huracanes (NHC) de EEUU pronostica que se producirán más de 15 tormentas tropicales, de las que unas 10 se convertirán en grandes huracanes, cuatro de los cuales afectarán a zonas que aún no se han recuperado de los efectos del Katrina. Peter Webster, del Instituto de Tecnología de Georgia, ha elaborado un informe sobre los ciclones registrados en el mundo desde 1970 en el que se afirma que la intensidad de los huracanes se ha disparado en los últimos años. Se trata de un parámetro que los clasifica del 1 al 5 en función de la velocidad del viento. Así, un F1 equivale a rachas sostenidas de entre 119 y 153 km/h, mientras que un F5, como el Katrina, supera los 250. Durante el año 2005 se produjeron 31 tormentas, con 15 huracanes, tres de los cuales, Wilma, Katrina y Rita alcanzaron F5, y otros dos, Dennis y Emily, llegaron a F4, cobrándose en total más de 3.000 vidas y unas pérdidas valoradas en 90.000 millones de euros. Posiciones enfrentadas Las primeras escenas del documental de Al Gore, ex vicepresidente de EEUU, An inconvenient truth (Una verdad inoportuna), muestran al huracán Katrina asolando Nueva Orleáns y plantea que el calentamiento global intensifica los huracanes. Sin embargo, los afines a la Administración Bush insisten en que no tienen que ver con el cambio climático, suponiendo que exista, y califican a Gore de demagogo. Esta disparidad de criterios refleja, además de una tendencia general en la política estadounidense, las discrepancias entre dos posiciones científicas lideradas por Chris Landsea, del NHC, y por Terry Emanuel, del Instituto de Tecnología de Massachussets. Landsea afirma que existe un ciclo natural con fases de mucha actividad seguida de otras más tranquilas, que nada tienen que ver con el calentamiento. Así, en el periodo 1920-1950, se produjeron huracanes frecuentes e intensos; hasta 1995 se redujeron y, ahora, volvemos a atravesar otra etapa de gran intensidad. Según defiende, el cambio climático no influye en ellos porque los años de calma entre 1950 y 1995 coinciden con el aumento de gases de efecto invernadero. Emanuel, por su parte, sostiene que el ciclo es inexistente y que el cambio climático es el principal culpable. Según sus investigaciones, la menor intensidad registrada entre 1950 y 1995 se debe a la presencia en la atmósfera de partículas contaminantes y a la producción de aerosoles que enfriaron de forma localizada una parte del Atlántico, especialmente en los meses de verano, neutralizando el efecto del calentamiento provocado por las emisiones nocivas a la atmósfera. Cuando en el periodo 1980-1990 desaparecieron esos aerosoles y otras partículas contaminantes (algunas de origen volcánico), el efecto invernadero volvió a ser el factor principal. En cuanto al aumento de la temperatura del agua del océano (esencial para que se produzcan huracanes, y que en el último siglo ha sido de 0,6-0,7º C), Landsea afirma que su influencia ha sido imperceptible y, aunque se prevé que pueda subir en este siglo al menos 2º C, el impacto podría ser mayor, pero no catastrófico. Emmanuel, en cambio, sostiene que los efectos devastadores pueden multiplicarse por cuatro. Lo que no admite discusión es que en el Atlántico norte y en el Caribe el número de huracanes F4 y F5 son el doble que antes de 1990, y que en el Pacífico suroriental, el incremento es aún mayor. Sin embargo, se ha mantenido estable el número de ciclones. Es decir, los huracanes son más intensos, pero no más abundantes.

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