Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

Los vestidos y la nube

Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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Estos días de guerra y de bombardeos nos hacen recordar cada día la Tierra Santa. Hoy volvemos nuestros ojos al Monte Tabor, como añorando la paz que allí hemos experimentado alguna vez. Nos retiramos con el espíritu a aquella montaña para meditar, una vez más, el misterio de la Transfiguración de Jesús. La primera lectura de hoy vincula aquel acontecimiento con una célebre visión que se recoge en el libro de Daniel (Dan 7, 9-14). El profeta vio a un Anciano que tenía sus vestidos blancos como la nieve. Y una especie de hombre que venía entre las nubes del cielo. La blancura de los vestidos y la presencia de la nube indican que nos hallamos en el ámbito de la divinidad, de la que participa aquel hombre misterioso. Las dos imágenes se repiten en el relato de la transfiguración, pero aplicadas ahora a Jesús. También sus vestidos se vuelven blancos como la nieve. También él está rodeado de una nube celestial. Eso significa que en Jesús se nos revela la gloria de la divinidad. Una vocación «Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado Tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que Tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre». Ese hermoso texto de la liturgia bizantina para la Fiesta de la Transfiguración ha sido recogido por el Catecismo de la Iglesia Católica para ilustrar este misterio. Contemplar, comprender y anunciar. Tres versos que resumen la actitud de los apóstoles elegidos por Jesús como testigos de aquel misterio. Tres acciones que resumen toda la vida del cristiano. Mirándola en esa perspectiva, la fiesta de la Transfiguración de Jesús resume nuestra vocación. Las gentes del antiguo Israel había sido llamadas a «escuchar» las profecías; nosotros vemos «visto» al elegido de Dios, gracias a la voz que resuena de lo alto podemos comprender su mensaje y, en virtud del Espíritu del Resucitado, adquirimos la fuerza para anunciarlo a los cuatro vientos. Y un mensaje «Este es mi hijo amado, scuchadlo». Con esas palabras presenta a Jesús la voz que sale de la nube (Mc 9, 8). Sin duda constituyen el centro y el motivo de todo el relato. Y, por tanto, resultan importantes para los cristianos de todos los tiempos. ¿ «Este es mi hijo amado, escuchadlo». Son muchos los que dicen que no creen más que lo que ven. Por eso no pueden creer en Dios. Ahora bien, si el Padre se revela y se manifiesta por su Hijo, éste es el verdadero camino para conocer al Padre. En la humanidad de Jesús se ha mostrado a la vez la grandeza y la cercanía de la divinidad. ¿ «Este es mi hijo amado, escuchadlo». Son muchos los jóvenes que se reúnen para escuchar a sus músicos predilectos. Al menos, ésos cantan. Generalmente los ídolos tiene boca, pero no hablan. El hijo de Dios es la palabra viviente de Dios. Prestarle atención no es sólo el objeto de un mandato: es el más alto honor que nos haya podido ser concedido. - Señor Jesús, transfigurado en el monte para revelarnos la figura del Padre y tu propia misión, no permitas que ignoremos tu voz y tu mensaje de salvación. Amén.

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