Gente de aquí | Noches de fiesta
La cena popular, mayor de edad
Más de 300 comensales acuden en Sabero a la tradicional cita gastronómica, cuya organización se cede el próximo año a las instituciones municipales de la localidad

Los miembros de la «cuchipanda» que organiza la cena popular posan después de la celebración
Todo salió perfecto. Un gran suspiro de alivio, caras sonrientes y relajadas del entrañable grupo de la «Cuchipanda» al acabar la cena así lo atestiguaba. Y es que los casi 300 comensales - vecinos o hijos de Sabero- que acudieron un año mas, y van dieciocho, a la tradicional «Cena Popular de Sabero», poco sabían del enorme esfuerzo y las dificultades que han tenido que sortear este año los organizadores. Sin embargo, la experiencia acumulada en 18 años por los integrantes de la «cuchipanda» (Daniel, Pitolo, Gelo Jesusín, Villa y Quili) y el resto del grupo, da para mucho y la falta de un local adecuado y el previsto mal tiempo, se suplió con una enorme carpa y la intendencia que cedió desinteresadamente el gerente del restaurante «La Arquilla», de Cistierna, nativo de la localidad y que dio un toque diferente a la cena de este año. Bajo este nuevo marco, el menú tradicional - embutido leonés, chanfaina, carne de buey, de Valles del Esla y pasteles - fue visto y no visto, y el buen apetito de los presentes se transformó en ganas de juerga cuando los mariachis irrumpieron en la carpa y sus alegres rancheras recordaron que este preludio de las fiestas patronales era el mejor de los últimos años. Los comensales, ubicados este año en grupos de mesas de ocho personas, fueron conociendo poco a poco la decisión de la cuchipanda de ceder el testigo a las instituciones públicas para que, a partir del próximo año, se encarguen de la organización de este evento tan peculiar en Sabero. Todos mostraban su satisfacción por el trabajo de la cuchipanda durante estos últimos dieciocho años, pero sin embargo hubo voces que apostaban también por el relevo generacional. No obstante, unánimemente, la apuesta era que, por encima de todo, la cena popular existiría siempre. El ambiente se fue caldeando y el «chupinazo humano» que formaron los festivaleros comensales, con el son de las canciones, bailes y risas hasta altas horas cerraron la cena popular de Sabero, mientras miembros de la cuchipanda, unos bajo la carpa y otros bajo las estrellas, seguramente meditaban que a pesar de todo, ha merecido la pena tanto trabajo.