CRÉMER CONTRA CRÉMER
Temporales o indefinidos
SI ME PERMITO incluirme como persona anónima que anda por este mundo en los asuntos que se asoman a este ventanuco, que dicen los castellanos de Santander, no es por añadir méritos a los que no poseo, sino lisa y llanamente porque conozco la cuestión, he sido más o menos actor en la representación y he sufrido las consecuencias de una organización social funesta, enderezada solamente para aprovechar la baratura de la llamada mano de obra para incrementar la línea de gananciales. Y en honor de esta condición personal digo que cuando de alguna manera se menciona la situación laboral de temporal o de indefinido, se me revuelven las tripas y siento unas ganas irreprimibles de declarar la huelga general en todo el territorio. Por añadidura, recuerdo la sindicación, o sea la instrumentación o mecanismo legal mediante el cual el obrero, el funcionario, el malpagado o el condenado por confiado, no era como es en la actualidad, tan asistido pseudo-oficialmente, tan técnico, tan entregado a una cierta forma de lucha social que consiste en perder todos los encuentros... No digamos que digamos pero tampoco digamos que digamos que en aquellos tiempos de la confrontación de las clases en alguna ocasión, la más débil de las dos partes que era siempre la misma, resultara vencedora, porque no es cierto. Cada vez que el sindicato clasista y resistente anunciaba un triunfo, después de un movimiento huelguístico de meses de hambre, la verdad era que se acababa la aventura mucho más pobre, mucho más asediado, mucho más mísero e infelices... De aquellos sindicatos nacían las ideas, «disolventes» decían los de la patronal, «revolucionarias» nos empeñábamos en pretender imponer los otros. Pero entonces, con escasa capacidad para el manejo dela técnica y de la subvención, con directivos, nombrados directamente por la asamblea de sindicatos, estos no aceptaban sin pelea, sin enconada controversia social dos lacras que, en nuestro tiempo, en este tiempo de ahora, se han impuesto y se practica y como recurso para que la clase patronal imponga su táctica: la de donar la violenta pretensión de justicia equitativa heredada de cuando Pablo Iglesias, por ejemplo, o Ángel Pestaña, condaban por el mundo: El contrato temporal que se ha convertido en una norma de cumplimiento habitual, hasta el punto y mala hora de que se firman y confirman contratos por quince días o por un mes, con despido intermedio. No existe una fórmula más infame, más agresiva, más siniestra que esta de la contratación por días, por semanas, por meses en casos excepcionales. Sin que para corregir tan monstruosa manera de entender la solidaridad entre las clases y entre los hombres y las mujeres del trabajo, se habiliten soluciones más en consonancia con la condición humana, cristianizando el sistema, democratizando el concepto de relación entre las clases, imponiendo el verdadero sentido de la igualdad social. Según el cuadro informativo de León, por no ir más lejos, «León sigue a la cabeza de la comunidad en parados, y se confirma la falacidad de aplicar contratos temporales para erradicar la lucha de clases.... ¿Temporal o indefinida?