Cosas de aquí | La odisea de un corzo herido |
Bambi en una caja de cartón
Una ganadera de Cubillos deja en la sede de la Junta en Ponferrada a una cría de corzo herida por sus perros, en vista de que nadie se responsabilizaba del animal
Los perros la tenían cogida por el cuello y una pata cuando Natividad Fierro, que guardaba las ovejas en su establo de Cabañas de la Dornilla (Cubillos), se acercó a ver de donde procedían aquellos chillidos lastimosos y descubrió a la cría de corzo. La estampa del animal parecía sacada de una película de Walt Disney, con el hocio respingón y las machas en el lomo, pero la escena estaba lejos de ser apta para todos los públicos. Entre ella, su marido y el pastor que les ayuda con el rebaño, consiguieron separar a los dos perros, que habían ya dejado sus dentelladas en una de las patas traseras del cérvido. El corzo sangraba. La noche la pasó en un almacén, dándose cabezazos contras las paredes, a la espera de que alguien del Servicio Territorial de Medio Ambiente se hiciera cargo de él. Pero cuando se hizo de día, a Natividad le dijeron que nadie, ni en la Junta, ni en el Serprona, ni el agente forestal de la zona, podía acercarse hasta Cabañinas a por la cría, y la ganadera decidió que era hora de sacar a bambi a pasear por la ciudad. «Estoy segura de que si lo hubiéramos matado y alguien nos denuncia, se presentan en mi casa sea la hora que sea, pero como tenían que venir a recogerlo, nadie nos ha hecho caso», relataba ayer a este periódico, sin esconder su indignación. «Me dijeron que lo metiera con el rebaño mientras tanto. ¿Sabe usted algo de ovejas? les pregunté. ¡Si lo hago se me matan todas unas contra otras!» A media mañana, Natividad aparcaba su furgoneta ante la sede de la Junta en Ponferrada y sacaba a un bambi cojo de la parte trasera, dispuesta a entrar en las oficinas con el cérvido para dejarlo allí. No fue necesario. A las puertas del edificio, y mientras transeúntes y vecinos dejaban salir exclamaciones de lástima al ver al animal herido, se encontró con un agente forestal. Al momento salió un veterinario. Y un guarda de seguridad. Y decidieron que había que meter al corzo herido en una caja de cartón. Para entonces, el animal estaba tan asustado que no fue facil reducirle -y los arañazos de las pezuñas en los brazos del veterinario dan fe de ello- hasta que no le ataron las patas con cinta adhesiva. A estas horas, el animal -que ya está destetado y se vale sin ayuda de su madre- se encuentra en el centro de recuperación de la fauna que la Junta tiene en las afueras de León- donde esperan que pueda andar en cuatro días. Los rastros de sangre que dejó en una acera de Ponferrada todavía se veían ayer.