Diario de León

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Un cine libre de handicaps

Las nuevas tecnologías y accesos sin barreras ponen el séptimo arte al alcance de todos los discapacitados, incluidas las personas ciegas o con problemas de audición

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Manue Mediavilla - madrid
León

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El cine está ya al alcance de todas las personas con discapacidad. Lo ha demostrado esta semana el ciclo La mirada que integra , cuyas películas y debates han podido ser seguidos sin exclusiones gracias a los adelantos tecnológicos que garantizan la accesibilidad a los contenidos: audiodescripción en el caso de la ceguera, subtitulado y lengua de signos ante la sordera (la estenotipia permite incluso la transcripción simultánea de ponencias y coloquios), bucles magnéticos para quienes llevan implantes cocleares... El I Ciclo sobre Cine y Discapacidad, que ha arrancado en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y se completará con una segunda tanda de filmes y un concierto de hip-hop en otros escenarios capitalinos, no ha descuidado los «pequeños detalles» para asegurar la plena accesibilidad. Por ejemplo, los programas de mano en braille para ciegos y los de fácil lectura para personas con discapacidad intelectual. Y sin olvidar, en el ámbito arquitectónico, la eliminación de barreras para poder llegar a la sala de proyecciones y charlas. Hacia la visibilidad «Se puede hacer cine para todas las personas», remarca el director de La mirada que integra , José Luis Fernández Iglesias, cuyo propósito queda claro en el propio lema del ciclo: Asómate a la discapacidad . Se trata de «abrir las mentes a una realidad muy poco conocida en la sociedad y con muy escasa presencia en los medios de comunicación» y de «utilizar el cine como vehículo para demostrar que ese colectivo, que ha estado oculto hasta hace muy pocos años, existía». De hecho, los mayores esfuerzos del movimiento asociativo de la discapacidad siguen concentrados en la búsqueda de visibilidad, en la lucha por dejar de ser invisibles. Un reto que, en el ámbito cinematográfico, tiene un doble significado: por una parte, acabar con su vieja imagen distorsionada y estereotipada de los primeros años del celuloide (o monstruoso y vengativo, o inocente y sufridor, sin términos medios); por otro lado, asomarse a la pantalla grande con dignidad y normalidad, como cualquier otra persona, con su complejidad humana y sus cotidianas grandezas y miserias. Es la línea que poco a poco se va asentando en el 'séptimo arte', tanto por la presión del movimiento asociativo como por la creciente concienciación social ante una realidad que, en el caso español, afecta a cuatro millones de personas y 'toca' de cerca a diez millones. No es casualidad que este mismo fin de semana se haya sumado a la lista la película Va a ser que nadie es perfecto , donde el director Joaquín Oristrell y el guionista Albert Espinosa apuestan por una «normalización humorística» de los discapacitados para «reírse con ellos, no de ellos». Reflejos cinematográficos No sobran ejemplos hispanos en el espejo cinematográfico de la discapacidad (Ramón Salazar con la mujer con parálisis cerebral de Piedras , y Pedro Almodóvar con el Javier Bardem tetrapléjico de Carne trémula y la protagonista en coma de Hable con ella ), pero los hay abundantes en la filmografía internacional. Películas tan premiadas como Los mejores años de nuestra vida , que elevó al estrellato al actor secundario Harold Russell con sus dos manos ortopédicas. Tan impactantes como la antibelicista Johnny cogió su fusil . Y auténticos hitos como El regreso , donde el personaje de Jane Fonda deja a su marido por el veterano de guerra parapléjico interpretado por Jon Voight, en un argumento que reivindica su condición personal al margen de su discapacidad. El perfil humano domina en filmes tan conocidos como El hombre elefante, Hijos de un dios menor, Mi pie izquierdo, Rain man o Forrest Gump , que anticipan algunos elementos de reflexión sobre la necesaria normalización del colectivo. Pero el objetivo aparece más explícito en cintas como «Gaby, una historia verdadera», que reivindica la normalización educativa, sexual y social al contar la impresionante biografía de la poetisa Gabriela Brimmer, cuya parálisis cerebral le permitía apenas mover su pie izquierdo. Otros ejemplos son Nacional 7 , sobre un joven internado en una residencia francesa para discapacitados; Bailando en la oscuridad », sobre una madre soltera que va perdiendo la vista; o « Yo soy Sam , sobre un discapacitado psíquico que lucha por la custodia de su hija de siete años. Mucho se ha avanzado en el camino normalizador, y cada vez son más los guiones que ponen el acento en el personaje y no en su enfermedad. Pero todavía sobra, a juicio del propio colectivo, «discapacidad interpretada», que algunos cinéfilos llegan a ver como un «atajo» para conseguir buenas críticas y premios. En cambio, faltan directores, actores y guionistas que, por vivirla en primera persona, trasladen su «discapacidad real» a la gran pantalla.

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