CRÉMER CONTRA CRÉMER
Los independientes
A LO MEJOR me equivoco y cuando a mí me parece que el gremio de los independientes ha sido clausurado por la censura previa, viven, triunfan y derrochan en la sociedad, centenares o millares de independientes. En algunos municipios del alfoz, para despistar, ha hecho su aparición un ejemplar singular de esta clase de animal político, dicho sea con todo el respeto y sin ánimo de faltar a nadie: Una señora concejala de un determinado signo político así que la indicaron la posibilidad de medrar si cambiaba de signo, no lo pensó demasiado y de la calificación de independiente, con la que había sido ungida, apareció con los nuevos vientos que comenzaban a soplarme al oído como miembro leal de este o del otro partido que tan generosas ofertas le ofrecía. Y se cambió de acera. Esto no es equivalente a la incorporación interesada del tránsfuga, que es una cierta variante del caracol, que todo lo consigue a fuerza de arrastrarse. El independiente es el ciudadano, el elector en estado puro. Y alguno de nuestros hombres públicos más prestigiosos y respetados acudió en calidad de independiente a cubrir un puesto en una de esas listas que suelen conservarse en azufre para los militantes; de tal modo que en muchas ocasiones parece que la militancia no es sino un grado o un puesto que se consigue, como el título de Veterinaria, después de que, al cabo de años de obediencia, se hace acreedor al título de candidato. Nos encontramos precisamente en un tiempo en el cual los distintos partidos se disponen a abrir y cerrar sus listas de candidatos para la mayor gloria del partido. Y no siempre entre las filas de militantes se encuentra ni el suficiente número de afiliados dispuestos para cubrir huecos, ni entre los seleccionados por los distintos comités figura el afiliado idóneo para proponerse como edil municipal, por ejemplo, o como diputado provincial; como no todos los aspirantes a vivir del mogollón disponen de saberes y de estados de conciencia que les haga imprescindibles para el cargo al que acuden como las moscas al panal de rica miel. En León, por no ir más lejos, se desdeña, condena y margina al hombre y a la mujer independientes, es decir a aquellos candidatos que no proceden de la disciplina del partido y que tal vez pudieran ocasionar dificultades precisamente por no ser lo bastante obedientes. Y oiga, la verdad es que lo que León necesita, con apremio, no es personal fichado con contrato pródigo, sino hombres y mujeres aptos, preparados, dignos, honestos y prácticos, además de independientes, para el mejor cumplimiento del servicio público. Lo cual no quiere decirse que la sustitución de los afiliados sea motivo inexcusable de entendimiento, sino que de no disponer de un sistema de listas abiertas la única garantía de la eficacia pública es la de la independencia de algunos de sus hombres-clave. Mediante la incorporación de esta figura política los partidos retrasarían el envejecimiento de sus fórmulas y el peligro de que sus figuras inevitables se conviertan en esperpentos, en filibusteros o en putrefactos.