Diario de León

QUERIDO MUNDO

La lección que Bush no aprendió

Publicado por
CARLOS G. REIGOSA
León

Creado:

Actualizado:

CUANDO alguien osaba recordarle a George Bush las lecciones que el presidente Richard Nixon había extraído de su derrota en Vietnam, el actual inquilino de la Casa Blanca se limitaba a responder airadamente que no había ningún parecido entre Vietnam e Irak y por lo tanto no cabía ninguna comparación. Eran los tiempos en que la opinión pública estadounidense estaba mayoritariamente de su parte y no se le pasaba por la cabeza que eso pudiese cambiar. Años felices en los que su entorno de jerarcas neoconservadores soñó toda clase de victorias en confrontaciones bélicas que estaban dispuestos a emprender. Pero el tiempo ha pasado y la opinión pública fue cambiando, como han revelado las recientes elecciones para las Cámaras. Y los agresivos Cheney, Rumsfeld, Rove y compañía han tenido que plegarse a la realidad de una derrota anunciada, aunque ellos solo la han admitido cuando se contabilizaron los votos. ¿Qué ha ocurrido? Que mentir con descaro y prohibir la mención de la palabra Vietnam no ha bastado para asegurar el éxito en Irak. Nixon, desde la amargura de su derrota, lo había expresado con claridad: «Los dirigentes americanos no pueden hacer la guerra sin el firme apoyo de la opinión pública. Una democracia sólo lucha bien mientras la opinión pública apoya la guerra, y la opinión pública deja de apoyar la guerra cuando no se libra con decisión o cuando no se reciben señales tangibles de progreso». Y añadía que esto es aún más cierto cuando se combate muy lejos de casa. Bush y los suyos conocían las llamadas «lecciones de Vietnam» de Nixon. Y las tuvieron muy en cuenta a la hora de hacer la guerra de Irak. Pero se olvidaron de la posguerra, que es esa guerra que ahora se libra a ciegas, sin horizonte ni término fijos. Porque de Irak «no se reciben señales tangibles de progreso». Y eso significa el final del apoyo de unos ciudadanos asombrados por la cantidad de veces que fueron engañados. Ni había armas de destrucción masiva, ni Sadam Husseín era un aliado de Al Qaida, ni se podía ganar la posguerra en pocos días. Es decir, que nunca se debió hacer esa guerra, ahora inexplicable, pero ya de inevitables consecuencias, que hay que afrontar.

tracking