CRÉMER CONTRA CRÉMER
¡Vengan bomberos a mí!
LEÓN, ESTA TIERRA amenazada que es León, desde Ordoño II hasta nuestros días, se dispone a establecer dentro del territorio del Viejo Reino, un instrumento de buen gobierno, del cual debemos felicitarnos todos por anticipado, aunque el favor se deba a los «otros». León, si el tiempo lo permite y con la ayuda de la autoridad competente y vigente, anuncia que precisamente en León se establecerá nada menos que el Centro de Defensa contra el Fuego. O sea, un servicio contra incendios que nos garantice que no seremos quemados sobre la marcha. Que se sepa, ninguno de los partidos que se presentan ante el elector para ser votados en la próxima elección, ha elevado la consabida réplica o contra fuero para arrimar el ascua a su sardina y el voto del vecino a su casilla. Todos los leoneses estamos de acuerdo en que León, su provincia y todos los montes y morenas que nos rodean, necesitan que se les garantice contra el fuego. Porque todos somos materia fungible y donde menos se piensa salta el incendiario. La tierra entrañable del Bierzo, no obstante el discreto silencio impuesto por la buena educación, se adelanta un paso en la formación y alega que la tierra berciana también tiene derecho a un Centro de Defensa contra Incendios, porque se da el curioso y tremendo caso de que es precisamente la que se ve obligada a soportar más incendios en sus tierras, en sus arboledas, y en sus edificios y en sus haciendas y es justo que sea también favorecida con un centro que la defienda de la alevosa amenaza del fuego. Y lo mismo que el Bierzo, podrían y debieran decir la Maragatería, la Montaña, la Babia, y cualquiera de las tierras leonesas desasistidas de un arma tan eficaz como un Centro de Defensa contra el fuego, sin que en ningún caso nos veamos obligados a tomar la situación a chirigota gaditana. Como cuando a la «Bonifacia» (invento antiincendios de Don Bonifacio, concejal del Ilustre Ayuntamiento, que fuera capitán con mando en plaza (Don Boni, por supuesto) del Somatén del a Caballería Montada de cuando Primo de Rivera. Pues digo, repito, todos como León y sus habitadores tienen derecho a que se les atribuya la invención de un Centro de Defensa contra incendios, porque todos somos de Dios y pagamos nuestros impuestos. Un centro que funcione no sea que, por seguir el estilo de la casa, nos suceda lo que al Servicio de Bomberos de León cuando acudió a un fuego declarado en Valencia de Don Juan: Según la crónica de aquel rey de los ingenios reales, el copletista Santos: «La bonifa que a Valencia fue/ y un incendió pretendió apagar/ tan sólo el ridículo fue a hacer/ porque la dió por no funcionar./ Al sacar las mangas/ asombran al pueblo/ porque ven que el agua/ nunca llega al fuego./ Y al ver el fracaso/ de la Bonifacia/ nos pareció un caso/ con la hostia de gracia». León, la provincia de León está necesitada de un servicio de Defensa contra el fuego, antes que una espadaña para la ermita de San Apolonio. Y hay que concederse este servicio, salvo que por inercia, por desidia, por ignorancia, o por ineficacia funcional del mecanismo de gobierno encargado de los fuegos y de las ascuas, nos pareció bien que León se abrase. Como cuando Nerón ante Roma.