Diario de León
Pedro García Trapiello

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ESTABA la coronela sentadita en su balcón y, al pasar un caballero, de esta manera le habló: pase usted, buen caballero, pase sin ningún rubor; mi marido está de caza en los montes de León... Y al catre le invita en este viejo romance que cantaba ya hace tiempo Barrio Húmedo , aquel grupo folk que en los setenta ponían bandera y trino a cancioneros cuasimuertos. «La coronela» se titulaba este tema y a estas tierras debió llegar rodando de otras partes, seguramente de la mano de algún párroco o gaitero foráneo, que fueron mayormente los que acarrearon hasta aquí canciones voladas que algunos quieren tener por propias invocando a alguna santa Rita garduñera. Por entonces había otra «coronela» que contrataba el entresaque de la remolacha y se paseaba por los pueblos del Páramo reclutando azadoneras, paisanas arremangadas de ganas que cogían el surco de a hecho y pencaban por dos tíos o más (lo que tampoco es muy difícil), mujeres todas de pañolón blanco musulmaneando sus cabezas, mujeres bragadas que iban subiendo al remolque de un tractor, su transporte... africano. Del fuste, los modos y la tralla de aquella coronela hablan todavía las leyendas paramesas. Y ahora asoma desde su Cacabelos natal hasta los lejanos caribes, ecuadores o colombias otra coronela que presuntamente anda en barros de emigrantes pillando lo «suyo» y lo ajeno como contratadora de emigrantes y dispensadora de papeles mojados. Pájara parece, gavilucha la mirada, tieso el ademán, uniformada la tía como en tienda de atrezzo teatral, botonadura de chichimoni, pava en la postura y... cazoleando acá y acullá porque lleva estrellas raras de capitana en el cuello y hombreras, entorchados que no falten, uniformes varios que son embuste en verso, acaballada en una patraña que parece de bronce y haciéndose pasar por funcionaria de la Onu, presidenta de oenegés o caballera andanta sin límites de rango y fábula, personándose en banquetes y ceremonios picudos para exhibir plumero... qué tía. Cuando la estafa se viste de uniforme, hay que ver qué bien cabalga la trampa, cómo apabulla al ingenuo e incluso, embelesa al cargo, al funcionario... porque a esta señora pájara alguien le habrá dado un pase, visados, informes, sellos, amparo, apoyo logístico... ¿Lo sabremos?...

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