Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Más parados: ¡es la guerra!

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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SEGÚN LAS ÚLTIMAS estadísticas hechas públicas, anotadas al vuelo por si con el retraso les diera por aumentar, en el pasado, pero no tanto mes de noviembre, que era por cierto el mes de los fieles difuntos, se acusó en León, que es tierra de promisión para determinados tripulantes de pateras, un aumento en la lista de obreros parados y con toda la cuerda, de otros 865, lo cual permite elevar la tasa hasta el 11,52% de la nómina total. Que cuando esto se anota en los medios de comunicación sin el menor rubor parece que es un acto de perversión estadística seguir la pista de los días, años y dinero que nos faltan para tener a plena disposición los resbaladeros de San Glorio, El Morredero y San Isidro, entre otros, porque, señores y señoras que andan todavía por falta de nieve con los esquís bajo el brazo, resulta menos doloroso y doloso no tener pistas para el ejercicio del cuerpo que carecer de un puesto a la lumbre del trabajo. No somos, dicho en plural, para que se crea el forastero que andamos trapicheando con las cifras y con los motivos de nuestras irritaciones, enemigos del golf, ni de la pelota base, ni del foot-ball archimillonario, ni de los domingos en El Morredero; el deporte es bueno, es sano, ennoblece y no ensucia. Y además, enriquece a los practicantes de cualquiera de ellos. Pero, ¿y los parados? ¿qué hacemos con los parados de la ciudad? Que los señores políticos, con todas las razones que les sean permitidas argüir se tiren a la cara los tópicos y las metáforas y los insultos porque no se solucionan como fuera de desear el problema general de los arbitrios por el pasaje hacia Cabrillanes o hacia Astorga, pero que este problema de la reducción del importe del peaje resulte mucho más urgente que dotar a los mecanismos laborales de métodos para reducir el índice de parados nos parece mucho más injurioso, repulsivo y necio. Incluso -y séannos perdonados los pecados en que podamos caer con ciertas opiniones- que la Catedral de León, tan bella, se nos caiga a pedazos, se supone que porque no disponemos de dineros suficientes para asegurar sus arbotantes, es un motivo de dolorido sentir para todos los leoneses y hasta para los burgaleses y los ovetenses, pero es, señoras y señores, que una gárgola por ejemplo se repone, mientras que a un muerto de hambre no le reintegra a la vida ni el señor de los anillos. Y esto debe ser tenido en cuenta con tanta o más urgencia que asistir a San Miguel de Escalada en sus hundimientos. Sucede entonces, señoras nuestras, que las necesidades son muchas y el pan es escaso y como en la parábola del saboyanito: «Cada uno el paso fuera movió»... y en León estamos siendo amenazados seriamente en quedarnos solos o en dejar vacía la ciudad, como se prefiera decir, porque damos prioridades a cuestiones que no son esenciales y los puestos de trabajo son algo muy importante y necesario para evitar que los jóvenes se vayan a otros lugares en busca de algo tan digno como el trabajo. Porque sin resbaladizos por las montañas de toda la provincia los leoneses hemos vivido durante millares de años, pero sin hombres, sin lugares para el empleo para la vida activa y para la familia dignamente alojada y alimentada, no es posible vivir. Y ustedes perdonen tal acumulación de frustraciones, cuando se nos dice que León prospera, que somos los más y los mejores. ¡Coño, qué tropa!

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