Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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ERA UNO DE ESOS DÍAS en los cuales brilla el sol para todos, los pájaros cantan, las nubes se levantan y los periódicos nacen con orla dorada. Posiblemente no se habría superado la crisis de la Cultural ni la barra de pan habría reducido su precio al normal. El caso es, el caso fue, que las campanas sonaron a fiesta, que los políticos se congratularon por lo bien que iban las cosas y se esperaba que los distintos partidos políticos que forman, conforman y deformen la composición política leonesa se sentían seguros. Nada ni nadie estaba en situación de superar sus marcas y se celaba la panorámica electoral, no ya con fruición de ganadores, sino que mismísimo jefe del Gobierno de las Españas, se adelantó a las candilejas para decir que todo iba bien, que toda marchaba como la seda, y que el día de la cuenta se conseguía una situación inmejorable, y que lo mismo sucedería mañana, que daría el vitor a la actuación. Que un jefe del gobierno, se decida a asegurar que todo no solo va bien sino que seguirá siendo bueno durante el resto de los días y de las noches, ya es un motivo de satisfacción que no se paga con dinero ni con votos. Pero en esto de los vaticinios conviene ser muy prudente pues así como donde menos se piensa salta la liebre, también donde menos se calcula se produce un meteorito. Y he aquí que cuando en todo el haz de la tierra hispana celebrábamos con entusiasmo nada fingido nuestra alegría ante las circunstancias favorables que se nos prometían, llegan unos desalmados de la tierra del frío, montados en una furgoneta cargada de explosivos y organizan una hecatombe y se nos nublan los sentidos y se nos va el santo al cielo, al comprobar que lejos de aparecer las cosas como debieran ser, las aguas bajaban sucias y hay muertos y heridos. Y ya, la frase famosa de va todo bien, pronunciada con su justa razón por el presidente, ya no tiene la misma virtualidad, sino todo lo contrario. Porque es que no nos habíamos despejado de los efectos del susto explosivo y la sección de abastecimientos y transportes, que se dice en tiempos del general ferrolano, anuncia que se produce, por las razones que fueran que tampoco estamos para explicaciones, aumento en los precios fundamentales de la vida, como el pan. Y no vale aplicar aquí lo de La Pasionaria, aquello de «Con pan y sin pan, resistid», porque ni aquellos resistieron ni hay por qué imponerlo a los demás, sin fuerza suficiente para poder mantenerse vivo, sin pan, sin techo y sin lumbre. La explosión de estos petardos ha sonado atronador aviso para los españoles de la esperanza y se sienten no digamos que engañados, porque la autoridad no engaña nunca a nadie, solamente algunos, y sin levantar la vista del suelo, se disponen a seguir sufriendo. Que más se sufre en Irak y no pasa nada de la nada que parecía que iría a pasar si los aliados de los mártires seguían buscando fórmulas democráticas a todos los asuntos del universo mundo. «¿Los vencidos imponen condiciones?»... «No, joven. Las condiciones las impone la historia y ella nos ensaña que sólo los bárbaros saben conservar el poder cuando aceptan las virtudes de los vencidos»... «¡Ah, claro!».

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