LITURGIA DOMINICAL
No temas. Yo estoy contigo¿, si quieres
LA HISTORIA de la salvación es la historia de Dios que salva y que nos llama a participar de esa salvación. Esta llamada se llama vocación. La vocación es una iniciativa de Dios, libre, gratuita, que alcanza a la persona en el contexto de una comunidad y una historia. El diálogo con Dios, que se desarrolla en la profundidad del propio ser, también es una confrontación con los acontecimientos de la historia. Se concretará después sobre las elecciones de vida de esa persona, que da preferencia a un área de valores y organiza su mentalidad y su existencia a partir del proyecto de Dios. Es la experiencia de Isaías y de Pedro en la Palabra de Dios de este domingo. Jesucristo no es una realidad simbólica, no es la expresión de un genérico sentimiento religioso, ni la suma de las aspiraciones esparcidas en las varias religiones. Es una persona concreta, histórica. De ahí la preocupación de Pablo por anclar en la historia la figura de Cristo, subrayando que la vocación cristiana no es la síntesis de lo que de noble y generoso se encuentra en la cultura, ni la utopía de todo lo bueno que hay en el hombre. Criterio y modelo de toda vocación cristiana son la encarnación, la muerte y la resurrección de Jesús. La vocación, pues, trabaja en la persona según la dinámica y las leyes de la conversión a Cristo. El primer paso en el itinerario de la conversión a Cristo es la conciencia de la pequeñez y pecado propios. Quien está tan lleno de sí no puede reconocer a Dios en su vida, percibir su llamada, entender cuáles son su caminos. Y, por ello, con frecuencia lanzamos continuamente las redes para pescar la satisfacción de nuestras aspiraciones y sacamos solamente un cansancio amargo. Si reconozco mi pequeñez frente a la grandeza de Dios, si me doy cuenta de que la mera satisfacción de mis deseos no me realiza, si percibo que sólo en Dios hay felicidad verdadera y duradera, entonces estoy preparado para cambiar, para seguir a Jesús. Este camino de fe es propuesto a cada uno de nosotros. Somos llamados por Jesús a lanzar las redes por él, viviendo y anunciando el Evangelio. A cambiar. Pero ¿entendemos qué es una revolución en nuestra vida? Para muchos la única vida es el hoy, la familia, el coche, el sueldo, las vacaciones... La vida es lo que yo experimento, pruebo, siento y veo. A menudo aparecen cientos de experiencias dolorosas; todas ellas a veces señalan que quien las vive no ve otro camino en su vida que la satisfacción de sus exigencias. Vivir de otra manera es posible y es fruto del amor. Por eso es posible tratar de vivir, amar y sufrir al estilo de Jesús. Al final habrá pesca abundante en nuestras manos.