Diario de León
Pedro García Trapiello

Creado:

Actualizado:

SOSTENÍA Pereira, don Antonio villa franquino, que su pueblo era ya en la década de los sesenta el lugar europeo donde porcentualmente había más suicidios del viejo continente, cuando la marca indiscutible la tenía la frígida y luterana Suecia o las avanzadas culturas nórdicas donde la gente se mataba por hastío, llena su vida de horizontes nocturnos y envuelta el alma en fríos perpetuos. Lo de Villafranca del Bierzo no era astenia existencialista ni fatiga vital, al parecer, sino barrena mental que proporcionaba el beber vino malo de pelea y la sangre boba o endogámica por casarse entre primos. Las noticias de suicidios siempre sobrecogen. Detrás de cada una está la inapelable sentencia de muerte bruta que el tribunal del alma propia aplica contra su propio dueño; eso es lo que da veracidad trágica al disparate. Pero, ¿por qué los suicidas no suelen aprovechar el trance llevándose con ellos a quienes pudieran haber estado entre las razones de su impulso?, y no caben en esta consideración los que matan a su mujer y depués se descerrajan en la boca un cartuchazo, pues son sólo asesinos incapaces de enfrentarse a su mala hostia y alma negra. Mientras que en otras culturas lejanas el suicidio es considerado un alarde de honor y consecuencia (ritual japonés del harakiri), en estos páramos del dogma era razón suficiente para que te cayera encima y de canto el código penal o las furias del señor párroco que negaba, conforme a cánones, el sepelio cristiano y el poder ser enterrado en sagrado a quien se despachara anticipándose a las providencias divinas (hay más de un cementerio por estos andurriales cazurros donde se ven tumbas fuera de sus tapias, segregado el muerto del apretado rebaño parroquial). Pero la noticia sobre suicidos en España abruma hoy y obliga a reflexión; durante el pasado año se mataron por propia mano más cifra de españolitos aburridos o amargados que todos los muertos habidos en los accidentes de estas carreteras que son un desfile de ataúdes. Barbaridad. Perplejidad. Ya no es tan cierto lo de las tres ces como males capitales (cáncer, corazón y carretera). Una ese como culebra repta entre las razones mortales. ¿Qué es lo que está pasando?... ¿Es la hartura?... Los pobres no suelen suicidarse porque no tienen tiempo de preocuparse de otra cosa que no sea su pobreza.

tracking