Diario de León
Pedro García Trapiello

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MAREJADA bajo los pies. Bailan las aguas que no vemos. Las venas y ríos subterráneos, manantiales y aguas fósiles, se contemplan en un borrador de ley que impulsará el Gobierno buscando decretar su definición como bien de dominio público y limitar el aprovechamiento privado y exclusivo que viene explotándolas, embotellándolas y vendiéndonoslas a un precio gasolinero, alcohólico y abusivo. Los empresarios del manantial cautivo (y desarmado) se arriscan en furias de caja y en legítimos derechos de propiedad privada apoyados -de aquella forma- por leyes o concesiones de hace dos siglos y más; y, por meternos miedo, acusan al gobierno de investirse con jerseys e intenciones populistas de Evo Morales para nacionalizar o confiscar estos recursos naturales que, aun siendo de todos, dejan sólo su renta y cruda ganancia en el haber de unos pocos. Peliagudo debate y bronca picuda se está montando al respecto. Habrá quien se encastille en derechos históricos, concesiones antiquísimas y otras razones con tal de no perder la presa como si fueran perros cazones y necios no enseñados a soltar de la boca la pieza cobrada. Cierto que las aguas de manantial privado son porcentaje mínimo del agua potable que consume un país cada vez más sediento, pero en nada (pasado mañana), la escasez brindará el escándalo y hasta el crimen (escritos están prólogos murcianos y baturros a la Guerra del Botijo o del azadonazo en la crisma por un quítame allá esa reguera). Será entonces cuando la «legítima» propiedad de este impagable bien común que es el agua (prístina, manadera, libre y de todos) se convierta en privilegio, en agravio o en expolio. Un manantial o un pozo botellero es el afloramiento de un río escondido que nace lejos de la finca que arroga su propiedad y va también lejos a repartir su riqueza y sus bondad. Quien pincha ese río en sus medios y chupa indiscriminadamente, a alguien se lo estará quitando de su boca y recreciendo su sed. También alegaba sagrado derecho histórico de propiedad la finca La Cenia sobre el río Esla al atravesarla, convirtiéndolo en privado hasta que la decencia obligó a cambiar esa ley, que sería ley, pero era aberrante y cómplice de ladroneo. Porque esta es la única ley: el agua es de todos, toda el agua .

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