Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

Queremos, debemos y podemos

Publicado por
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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La liturgia de este domingo nos habla de amor y perdón. Tal vez por eso me vino a la mente el 21 de mayo de 1996, cuando fueron martirizados en Argelia siete monjes trapenses del Monasterio «Nuestra Señora de Atlas». Hay un documento sobrecogedor, el testamento del prior, que es un solemne canto al amor y al perdón hechos vida. Dice así: «Cuando un A-Dios se vislumbra¿ Si me sucediera un día -y ese día podría ser hoy- ser víctima del terrorismo..., yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba entregada a Dios y a este país.... Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente. Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido... No veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que yo amo, sea acusado, sin distinción, de mi asesinato. Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la «gracia del martirio»; debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam. Conozco las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo. Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila, identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas. Argelia y el Islam son para mí otra cosa... Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido, encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia, precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes. Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista: «¡Que diga ahora lo que piensa de esto!» Pero éstos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad. Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con Él a sus hijos del Islam tal como Él los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, inundados por el don del Espíritu... Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios. En este gracias en el que está todo dicho sobre mi vida, yo incluyo, por supuesto, a los amigos de ayer y de hoy. Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero este gracias y este «A-Dios» en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido reencontrarnos, ladrones bienaventurados, en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. ¡Amén!». Hay además una hermosa oración de un musulmán por los asesinados; tal vez otro día os la pueda ofrecer.

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