CRÉMER CONTRA CRÉMER
Hacia otra guerra nuclear
NOS VEMOS OBLIGADOS a hacer una declaración previa: No tenemos ningún pleito pendiente con los Estados Unidos de la América de George Bush. Lo de Filipinas, Cuba y todo el tinglado farisaico del Maine y su voladura, pasó, y a quien Dios se la dio San Pedro se la bendijo. Tenemos más bien una antigua y sólida admiración por la América de las universidades, de los Premios Nobel y de las carreras de caballos. Y así como con Inglaterra, España mantiene historias dramáticas y soporta sobre uno de sus costados más queridos una ocupación vergonzosa, con los Estados Unidos, realmente saldadas las viejas cuentas no conservamos rencores especiales, ni históricos, ni culturales, ni religiosos. Estamos convencidos de que efectivamente los Estados, más que unidos atados, son un gran país y sus hombres, contando los 25 millones de hispanos que viven allí, son gente relativamente honesta y abierta, hasta el punto de que a un negro de Tanzania, emigrado puede concedérsele el camino libre para alcanzar la Casa Blanca de los presidentes, aunque estos, los presidentes, por regla general, no sean de nuestro agrado ni de nuestra conveniencia, sino todo lo contrario. Estamos con los Estados Unidos en la medida en que los Estados Unidos están con nosotros, ni un metro más, ni un metro menos; pero parece ser que es llegado el momento de ponernos la armadura de las grandes batallas y de enarbolar la bandera de los trágicos compromisos, porque los Estados Unidos de Bush siguen buscando la guerra, más guerras, todas las guerras que sea necesario plantear y resolver para la mayor gloria y provecho de los plantadores de cacahuete, los petroleros y los explotadores de la carne negra y de las espaldas mojadas. A los Estados Unidos le estorban países, naciones, pueblos que no quieran estar en la pomada, que viven más o menos pobremente, pero en paz y en gracia, y el hecho de que por inspiración americana tengamos que disponer soldaditos para el Afganistán, Serbia o Sierra Leona, para poner firmes a los unos y a los otros ante el paso de los grandes ejércitos combinados para provecho de los Estados Unidos, no es que nos parezca mal, porque cada pueblo tiene sus formas de matar sus pulgas, sino que resulta un tanto vergonzoso, sonrojante y triste para los pueblos que se pliegan al mandato de este señor de la guerra que es Bush, y sus aliados. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el cual España corrió a colocarse al costado o a la sombra vengativa de este General de pacotilla, y mereció ser tenido por uno de los tres tenores mortíferos del presidente del mundo, Don George W. Bush, y están redoblando los tambores que anuncian la posibilidad de una nueva refriega nuclear para sostener la cual el señor presidente de un país con millones de pobres hambreados ha solicitado dineros en proporciones anormales. Y nadie niega su colaboración. Y veremos a todos los americanos, incluidos negros y espaldas mojadas, acudiendo a dar dineros y sangre para la general destrucción del mundo. ¡Esto es lo que verdaderamente hay!