CORNADA DE LOBO
Morrillazo
MORRILLOS, ocelos, cárcabas, furaconas, sajaduras y ganga en montoneras es lo que dice Manuel Toharia que son los pretendidos restos arqueológicos de ese nuestro campo maragato de tiro que lleva décadas siendo ametrallado a mansalva, ad maiorem gloria del misil y de la vida salvaje, que crece, se asienta y se asegura, según afirma en su informe el experto director del museo valenciano de la Ciencias. Los alcaldes de estos lugares bufan contra el entendido... y contra otros alcaldes que han sacado el beneficio histórico a lucir alegando que gracias a los militares que disparan cohetes o presupuestos están viviendo un buen montón de maragatos... y astorganos. Buena se está liando. Las municipalidades de Luyego, Lucillo y Castrocontrigo se arriscan: Toharia es un mentecato que conoce el sitio de oreja y montado en un tocarrera , aunque alguna autoridad (amén del encargo que llevaba su tesis prefijada) habrá de tener una persona de criterio y reconocido respeto. Quizá es que no han sido muy bien elegidas esas razones arqueológicas para que se desmantele de una vez un campo de tiro que atruena, arrasa o incendia, porque se supone que ha de haber otras más poderosas razones que las huellas broncas de una actividad minera romana que fue desguazadora y criminal para la naturaleza del sitio (alteración de cauces, gigantescos desmontes, murias, decantaciones, arrastres, balsas, colmatación de lechos). Aplicando la legislación sensible con los impactos mineros, todo ese gigantesco rastro de explotación salvaje de romanos debería ser restaurado y restablecida su original topografía. Un crimen así merecería hoy un multón ejemplar. La puesta en valor de estos restos de arqueología minera no ha disuadido a los titulares del bombazo y tente tieso (y encima Toharia les confirma en su bondad). Así que esa no parece la mejor senda, como se confió. Digan los pueblos sencillamente que no, que tururú al campo de tiro, que cumplan las promesas electorales de desmantelamiento y reconquista de esos lugares... porque es cierto que la sustancia arqueológica es discutible. ¿Será la respuesta, entonces, convocar a otros toharias que digan lo contrario (los hay, se prestarán y lo cobran), o arqueólogos en paro y al salto de mata que verán aquí una impensable cantera de empleo (más que de trabajo)?...