Bulfoni reponde a una afición entregada y con gesto de rabia tras el éxito logrado al ascender a la Liga ACB. El argentino volvió a ser letal en el triunfo leonés ante los maños
Los jóvenes aficionados del Baloncesto León sintetizaron muy bien el sentimiento general: todo León al abordaje de la ACB. Era una guerra sin cuartel donde sólo valía una cosa: la victoria. Y al final se logró tras siete años de larga espera. Mereció la pena aguardar para conseguir tan buen botín.
La afición que ayer abarrotó el Palacio de Deportes para presenciar el partido de Baloncesto León ante el CAI Zaragoza recibió a su equipo al grito de «A por ellos» y sus jugadores se lo tomaron al pie de la letra. Los pupilos de Aranzana salieron a dejarse la piel desde el primer minuto y quisieron brindar a su afición un partido de los que quedan grabados en la memoria por mucho tiempo.
Y es que ayer no cabía un alfiler en las gradas del Palacio de los Deportes porque la marea roja ?la de uno y otro equipo? no quiso defraudar y arropó a los suyos de principio a fin. Muchos tuvieron que ver le encuentro de pie, pero la ocasión merecía la pena.
Tambores, bocinas, bufandas y pañuelos también fueron fieles a su cita con el baloncesto. Tampoco faltaron dos detenidos. Uno por saltar a la pista antes de tiempo y otro por altercados en el fondo sur.
Por pulmones que no quede. Y por ruido tampoco. Como ya sucediese en los primeros envites de la eliminatoria, cientos de aficionados soplaron hasta la extenuación sus famosas y ruidosas trompetillas. Esas que prácticamente aturdieron a los jugadores maños cada vez que atacaban.
Ya desde el primer cuarto, la afición saboreó el ascenso y enloquecía con cada tanto del cuadro leonés. El público y el equipo entraron en un toma y daca de ver quién daba más al otro. Las gradas se desgañitaban y el equipo marcaba.
Al término del tercer cuarto, cuando el marcador señalaba hasta diez puntos de diferencia, el público ya daba el partido por ganado y unió sus voces para llevar al equipo en volandas hacia la victoria. Incluso hizo la ola, y no una, sino varias veces para decir al equipo «gracias». A partir de entonces llegó la locura y ya no hubo manera de pararla.
La afición se lo pasó en grande, excepto los seguidores del CAI. Y es que León se lo llevó todo: el triunfo, el buen juego y la diversión. Y llegaron los abrazos. Jugadores y técnicos sintieron, ahora de verdad, el calor y el abrazo implacable de la afición, que no dudó en saltar a la pista para celebrar la gran fiesta del ascenso.
Fue un partido intenso, dotado de la espectacularidad de las grandes citas deportivas. No hubo malos momentos en un choque de auténtico infarto.
Dumas, el base galo del Baloncesto León, no dudó en tocarse con una típica montera de torero para celebrar una faena por todo lo alto: nada menos que la del ascenso a la ACB. El toro maño llegó a León dispuesto a cornear pero al final los de Aranzana le cortaron las orejas y el rabo.
Peterson no dudó en subirse a una de las canastas para saludar a la aficíón. El jugador quiso «dar gracias a Dios, lo primero», y añadió que «yo dije desde el principio que este equipo tenía mucho carácter y lo hemos demostrado desde el inicio de la temporada porque hemos trabajado duro».
Nada más que concluyó el partido, los fieles aficionados leoneses se desplazaron a toda prisa hacia el centro de la ciudad.
Algo más de 3.500 aficionados celebraron en la fuente de Santo Domingo el ascenso de Baloncesto León a la Liga ACB. Lo hicieron como mejor relajación a cuarenta minutos intensos, en los que llevaron en volandas al equipo dirigido por Gustavo Aranzana
La plaza de Santo Domingo comenzó a presentar un ambiente impresionante. El rojo se convirtió en el color que calentó la noche, como si se tratara de un arco iris monocolor. La hinchada se mostró exultante y no paró de inundar de pitidos, petardos y tracas el centro de la ciudad leonesa.
«Sí, sí, sí León es de ACB», corearon los entusiastas aficionados de Baloncesto León, mientras mitigaron su sudor y caras medio pintadas con el agua que baña los éxitos del deporte leonés.
El momento más emocionante de la celebración del ascenso se produjo cuando apareció por la principal arteria de la ciudad, la calle Ordoño II, el autocar con los héroes del segundo ascenso a la máxima categoría de Baloncesto León en el techo, seguidos de la Peña El Tambor, con su grito de guerra Paquito El Chocolatero