Cosas de aquí | El «pibe» conquistador
Ariel Rot nos atrapa otra vez
El argentino, que abrió ayer el festival Mirador de la Reina, movilizó a un público entregado que saltó y coreó todos sus temas en un abarrotado monasterio de Carracedo

El público ocupó el claustro del Monasterio para escuchar a Ariel
Con su mirada canalla y su voz de eterno adolescente, Ariel Rot volvió a conquistar ayer al público berciano que en masa acudió al monasterio de Carracedo, escenario de una edición más del festival Mirador de la Reina. El cantante argentino fue el encargado de abrir este ciclo de conciertos con uno de sus éxitos en solitario, titulado Lo siento Frank . A continuación, abordó uno de sus temas más intimistas, Sin saber que decir , que en su último trabajo discográfico «Duos, tríos y otras perversiones» interpreta con Amaral. A estos temas siguieron otros temas que recordaron sus años en Tequila, cuando enfundado en unos pantalones pitillo sus canciones se convirtieron en himnos de la «movida madrileña». Así sonó Nena , uno de sus temas más populares y cuya letra fue la más coreada por las cientos de personas que acudieron a la llamada del «pibe». No faltaron tampoco Dulce condena , Milonga del marinero y el capitán o Hace calor, de su loca etapa con Los Rodríguez, al lado de su gran amigo Calamaro, una pareja para la historia de la música en español, con temas redondos y letras intensas como Me estás atrapando otra vez . Y, por su puesto, que Ariel volvió a atrapar a los bercianos en su segundo concierto en la comarca en poco más de un mes. Un auditorio impaciente -fueron los veinte minutos reglamentarios de espera- recibió a Ariel Rot entre ovaciones y aplausos. El cantante se dirigió al público con un «Carracedo, muy buenas noches, gracias por haber venido». Vestido con pantalón rojo y camisa blanca, el cantante argentino se esforzó por caldear el ambiente en un festival que se celebra bajo los arcos del claustro del Monasterio de Carracedo y que siempre tiene a su público sentado, aún cuando el concierto sea del más genuino rock and roll. Los más desinhibidos, no dudaron en abandonar sus sillas y se echaron a bailar al fondo del claustro.