CRÉMER CONTRA CRÉMER
Una limosnita
ERA EL TIEMPO dichoso y bien pagado de las Vacaciones, lejos del río Bernesga, cuando llegó a mis tiernos oídos el grave lamento: «El Municipio del Viejo Reino (lo que son las cosas) no tiene ni para pan ni para peras, y pide limosna a troche y derroche; la pide llamando a todas las puertas, a todos los rincones de la provincia, a todos los hombres de buena o de mala voluntad, que en el recibir nunca hay recelos, y si no pide a las monjas de Grajal de Campos es porque se las da por fugitivas. El Ilustre Ayuntamiento de don Paco sale a la calle con la mano tendida y el drama en el cuerpo administrativo. Si no paga le despiden. Y don Paco y sus compañeros están dispuestos a morir con los sueldos puestos, antes que rendirse, mucho antes de que la suerte les acompañe y se sucedan los días, las noches y los amaneceres jubilosos y colmados de futuro. El señor Ayuntamiento, recién salido del horno, debe ya, antes de poner las cosas en orden, más que el Irak y el Afganistán juntos. Y lo primero que hizo para regular este estado de confusión de las lenguas y de los euros, fue situarse en materia de emolumentos (vulgo jornal) al mismo nivel que los ediles y los alcaldes y vicealcaldes de cualquier otra ciudad de la Europa unida. Con satisfacción y orgullo, el obrero parado, el sin trabajo y con pena, el recién llegado en patera y los excedentarios de fábricas que se cierran porque no pueden pretender tener los postigos abiertos para que por ellos se les meta en la casa el ladrón de turno. El Ayuntamiento de León, que siempre fue el primero si se trató de honra y dineros, llama y repica para que no solamente la Banca sino también la Bolsa, se acerque a ventanilla y deposite un humilde o generoso óbolo, mediante el cual pueda el concejo sostener, no solamente un cupo ocupacional de dos mil y pico de empleados, obreros y añadidos, sino, lo que importa más, que le sea fácil pagar a los de casa, empezando por los obreros de jardines o de bomberos y terminando por el alcalde, el vicealcalde y el trialcalde que se haga necesario para que León acabe al fin de salir de apuros y nos sea posible, con la ayuda de todos, que dispongamos de equipos de pelotón, de baloncesto, de balonmano y de lo que sea necesario para acoger a los niños del Sáhara y les ofrezca al fin un puesto o a la lumbre. Es malo ser pobre, pero ser pobre municipal debe ser tan feroz como un señor maltratador. El concejo de don Paco, siguiendo el ejemplo de los organismos del mismo jaez o talante del siglo XVII no tienen para mandar cantar a un ciego, ni para salir de pobres, que es el deseo ferviente de todo aquel que no consigue llegar a fin de mes sin negar que el mundo político español, cuyas elecciones máximas se anuncian, no acaba de sacar a la superficie a la población que se ahoga ya en un charco. «El Ayuntamiento recién estrenado de don Paco, pide una limosnita por el amor de Dios! ¡No le neguéis vuestro óbolo, para poder elevar los sueldos y las bonificaciones a quienes bien le sirven¿»