Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Soldadito español, soldadito valiente

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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BAJO EL FUEGO traidor de una guerra encubierta pero cierta, en los territorios del Líbano sagrado, han sido sacrificados seis de los mejores soldados de la España solidaria. No es tiempo ni ocasión de hablar ni de escribir sobre las fiestas del pueblo y el toro enmaromado, ni sobre los tremebundos fichajes de profesionales del pelotón, ni siquiera sobre la turbadora amenaza de la subida de precios de casi todos los artículos de primera, de segunda y aún de tercera necesidad. Seis hombres de España han muerto en cumplimiento de una misión solidaria de paz. No se puede dar mayor contradicción,. ¡Pero así es la guerra!» Porque lo que está ocurriendo en el Líbano no es otra cosa que un encuentro absolutamente belicoso entre facciones de insurgentes. Todo aquel que se les ponga por delante serán barridos por su metralla escondida. Otros seis soldaditos de España han muerto. ¿Hasta cuándo durará este compromiso de España, de los soldados de España con la muerte general? Se nos viene a la memoria y al corazón, el poema del lírico romántico: «Desde la cumbre bravía / que un sol indio tornasola /hasta el África que inmola / sus hijos en torpe guerra / no hay un puñado de tierra / sin una tumba española¿ Quedan lejos los cuerpos rotos de los soldados españoles, pero nosotros no podemos, no nos está permitido ni olvidarles ni negarles. ¿La guerra es necesaria? ¿Somos los españoles imprescindibles en el juego dramático del Líbano, de Afganistán y de tantos otros como aparecen cubiertos por españoles? No se sabe bien a qué maquiavélicos contrastes obedecen estos actos de enfrentamiento con la realidad libanesa o palestina pero los españoles de dentro sospechamos, no sin indicios, que acreditan todas las dudas, que algo sucio mueve la terrible maquinaria de la guerra en el mundo. Y sin más razones que las que el corazón impone, ante estos seis soldados españoles sacrificados en aras de la paz de los valientes, no pueden impedir y no lo impiden que se les escape un grito, o un lamento o una demanda o una exigencia de que si España no tiene pleitos contrarios que muevan las armas en defensa de su tierra, de sus hombres y de sus intereses, no tiene por qué alzarse en armas y echarse al monte, trabuco en mano, para acabar con los unos y con los otros¿ Se supone que después de centenares de fechas trágicas y de miles de seres humanos sacrificados, es llegada la hora de que los hombres de la responsabilidad vuelvan la espalda al ejercicio de las armas como único recuerdo para establecer la paz. Nadie quiere o debiera querer la paz impuesta por las armas, la paz de los acorazados y de los misiles, sino la paz de la convivencia civilizada, del entendimiento entre pueblos y etnias de distinto talante, que diríamos en lenguaje cuasi oficial, porque el mundo y España necesitan apremiantemente paz para enjugar tanto déficit humano, cultural o ético como este juego trágico de los pueblos ocupados supone. Seis soldados españoles han muerto. ¡Que sean los últimos!

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