CRÉMER CONTRA CRÉMER
Todos queremos más
ESTO DEBE SER como la invasión de los topillos que nos está llevando por el camino de la amargura y de la tragedia, así lleguen los tiempos de la siembra de algo que resulte apetecible para los ratoncitos de campo. Como si coincidiéramos todos con la misma línea de ambiciones, se ha despertado tal cúmulo de ambiciones, codicias y avaricias que al paso en el que se manifiestan no parece sino que, como los topillos de tierra adentro, estamos dispuestos a ocupar todos los cargos, aprovechar todas las circunstancias y valerse de todas las aproyaturas hasta ocupar el puesto que «todos tenemos allí». Es decir, todos los cargos y nombramientos y galardones a los cuales podamos alcanzar con esfuerzo o sin él. De los más aparatosos centros desde los que se distribuyen prebendas, nombramientos, premios y subvenciones aparecen en la superficie de la tierra, hombres, mujeres y hasta niños en edad de merecer que piden más, mucho más de lo que la suerte, la influencia o la habilidad de los aspirantes ávidos se han ganado honradamente o se les ha cedido por sus propios méritos. Y no es porque también a nosotros nos empuje la envidia o el deseo ferviente de anular al vecino con nuestras glorias, es que el fenómeno, sencillamente como el de los ratones de sembrado, debiera hacernos pensar en la procedencia de proponerse para lo que fuera (sobre todo si la paga es buena). Porque tal vez, quién sabe, donde se proponen los enchufes en esta nuestra hora de elegir, alguno o la mayoría de los codiciosos con menos honra de la precisa, se ofrecen al público aprovechando los humos de algún botafumeiro insaciable. Pienso, pensamos la mayor parte de los cristianos, que se están exagerando las cosas de tal manera que cualquiera se cree estar en condiciones óptimas para ocupar el deseado cargo, desde el cual piensa salir de pobre o de tonto. Recogemos de la nómina de seres humanos en ruta que quieren más, mucho más de lo que Dios les dio y de lo que honestamente han conseguido por la fuerza de su trabajo, algunas de las figuras que muy bien pudieran servir para asegurar la significación de los tales roedores. El señor Gallardón, alcalde de Madrid, quiere sentarse en un escaño superior; León de la Riva, alcalde de Valladolid sugiere la posibilidad de ocupar el sillón de las Cortes de Castilla y don Francisco Fernández, Regidor, por derecho de su vara municipal, declara nos regala una declaración que nos ha obligado a reflexionar. Dice el alcalde de León, asistido por sus compañeros de coparticipación: «Ya me gustaría a mí dirigir una comunidad uniprovincial leonesa, eso sí que me gustaría»¿ Lo que nos impone la obligación de solicitar, como acreditados electores, que por quienes tengan autoridad y sentido común para dirimir en estos pleitos, concedan a los unos, a los otros, y a los de más allá el cargo, el puesto, el escaño que demandan y que no dudan en merecer.