Diario de León
Pedro García Trapiello

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A LOS que inventaron la lejía, la aspirina y la patata: homenaje. Pero tienen las tres cosas un grandísimo problema: son baratas, demasiado. Sin embargo no hay mejor desinfectante, analgésico más universal, ni alimento que mejor retaque la andorga con gazuza. Pero, de entre los tres, a la patata se le debe homenaje y monumento. Quizá por ello la Onu ha decretado que 2008 sea el año internacional de la Patata. A muchas generaciones, siglos y países libró la patata de hambrunas tremendas; y los irlandeses, con tal de privar, son capaces de hacer orujo con ella, (una pérdida sería para la taberna rural si lo convierten en biodiésel). Con patatonas aprendían las enfermeras a poner inyecciones petando agujas con salero y decisión. Con una patata clavada en un palo forrado con trapos de retal y dos granos de maíz por ojos con una risa hecha de granos de arroz se hacía la niña pobre una muñeca. Con patata cortada se limpia un cuadro o se falsifica el sello de un pasaporte. Gran cosa es la patata, universo que nació americano. Se escribió aquí de patatas no hace mucho, pero es tema que tiene varios repasos y regresos. Pon el plato, que abaceo. Dos cacetadas más. Ojo, que vienen hirviendo. ¡Madre, que las patatas queman!... Pues sopla, sopánfilo, que desde que vino la moda de soplar, ningún tonto se quemó. Patatas con costillas, con trozo de entrecuesto, con carne de choto o de borrego o de vaca o de conejo o... con bacalao y un puñado de arroz, como se comían antes en los entierros de pueblo con mucha parentela en casa y a dormir en torna-duelo. Y las patatas viudas, para cenar de a diario. Las patatas de nuestra memoria van por estos caminitos del potaje. Los que podían ilustrar con carnes la cazuela, porque no fueron pocos los que sólo pudieron almorzar patatas estripadas y revuelto su puré con sebo, como las patatas revolconas, pero sin propina de torrezno o chicharrón... ¿Y qué ensaladilla se concibe sin patatas? La tortilla sin ellas habla poco y en francés; pijadita. O las patatas a la importancia: ¿hubo mejor grandeza de lo humilde?... Y si van con liebre, se dejan a un lado las tajadas desustanciadas, porque el verbo patatero se ha hecho carne y tiene rapto divino tras esta transubstanciación. O sea, patata al canto... y ¡más patatas!...

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