Botigueros somos
BODEGA es bodiga o budiga, antes botica y, después, boutique, de manera que bodeguera y boticaria vendrían a ser lo mismo. ¿Y cuántas bodegas habrá?... De Noé a Riscal caben muchos millones, porque el hombre descubrió el vino no mucho después que el pan. ¿Y cuántas aquí, en tierras ibéricas del morapio?... Ni idea. Pon miles y miles; y muchos miles más. ¿Y excavadas en tierra?... Incalculables. Vengo aventurando en escrituras y parladas con mi ojo de mal cubero que en Zamora son la reórdiga y en León no menos de ¡cincuenta mil!, cuevas furacadas, catacumbas zapadoras en arcillas y caleros. Sólo en Valdevimbre lagarearon más de trescientas en un tiempo en el que cada cual se hacía su vino de casa y vendía el resto. Pero en los años sesenta, a las bodegas comenzó a roerles la incuria, la falta de sentido, reconvirtiéndose en ruina, merendero y almacén de trastos o vacíos. Sin embargo, de todas las construcciones populares que nos caben, es la que más me chifla porque ninguna hay igual a otra; cada cual es la huella digital de la familia que la excavó. Es difícil averiguarles la edad, pero las hay que tienen más siglos que la catedral y, paradójicamente, ninguna ley ni dios que las proteja. Ni hay normas ni manda el buen gusto. Sólo hay que mirar los adefesios chamiceros que en tantos casos ciegan su entrada. Las consideran sin más importancia que un viejo caseto, un pajar de las afueras o una majada, toda esa arquitectura menor que también se ha ido al tacho. Creemos que sobran. Y siguen hundiéndose. Alguien debería ver que son un capital dormido y pendiente de nueva explotación, otros usos. Cuando César abrió su Cueva del Túnel (puso restaurante y a Pachelbel o Rabi Shankar colgados de los altos ventanos para que lluevan armonías sobre el plato), por loco o fantasioso le tuvieron muchos de su lugar que después le imitaron o llegaron arrempujando. Pero cuando venga el bombazo atómico, aquellos que tengan bodega tendrán refugio y vivirán diez minutos más. Mientras, deberían idearse usos, gozarlas y mantenerlas. Hay una en Antoñán que es la bodega excavada más grande de Europa. Hace unos pocos años cesó en su trasiego. Es enorme y basilical. Y si se ha comprado el Emperador con un pastón público, cabe exigir que se haga lo mismo en este caso. Es de ley.