Diario de León

Sólo un 30% acude a botellones, mientras el 45% bebe en bares y el 25% en lugares privados

Uno de cada cuatro adolescentes se emborrachó durante el último mes

Un estudio constata que las diferencias entre los sextos han desaparecido casi totalmente

Imagen de archivo de una concentración de jóvenes en la ciudad de León

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Rafael Herrero - madrid
León

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Uno de cada cuatro adolescentes afirma haberse emborrachado en el último mes. Y entre un 50 y un 75% de los adolescentes de 14 a 18 años, en función de las edades, consumió alcohol en los últimos 30 días, según las últimas estadísticas oficiales y estudios de opinión privados recogidos en el informe Adolescentes ante el alcohol. El estudio sociológico presenta, entre otros, un dato más que novedoso: las diferencias de género que siempre habían existido, «se han amortiguado notablemente, hasta casi desaparecer». O lo que es lo mismo, la prevalencia de chicas bebedoras es prácticamente igual a la de los varones, incluso en las tasas de bebedores abusivos. «En episodios de embriaguez o consumos claramente excesivos, el porcentaje de chicas se aproxima claramente al de chicos, que siempre estuvieron a la cabeza». El rito juvenil del botellón no viene de anteayer. Apareció en los años ochenta, pero entonces pasó bastante más desapercibido. A pesar del estereotipo que se ha instalado en la opinión pública, la inmensa mayoría de los jóvenes no practica el botellón. Es más, sólo un 30% de los adolescentes sigue esta peculiar disciplina de consumo de alcohol; la mayoría, un 45%, bebe en los bares y otro 25% lo hace en casas o locales particulares. Aún así, el consumo de alcohol entre los chicos y chicas españoles «ofrece razones objetivas para la preocupación», concluye el informe dirigido por Eusebio Megías y en el que participan, entre otros, sociólogos como Javier Elzo, Juan Carlos Ballesteros y Fernando Conde. La ingesta sube con la edad El informe desvela que tanto el número de bebedores como las tasas de ingesta abusiva de alcohol va aumentado con la edad. El 7% entre los 12 y 13 años que consume claramente en exceso los fines de semana se convierte en un 29% a los 14 ó 15 años, y se eleva al 71% entre los 16 y los 18. Una tendencia creciente paralela a los porcentajes de bebedores frecuentes en cada edad: 38% a los 14 años; 58% a los 15; 72% a los 16; 78% a los 17; y 82% a los 18 años. Otro de los tópicos, como la escasa percepción de riesgo entre los menores es, en este caso, falso. Uno de cada tres adolescentes , según las encuestas, son conscientes del alto riesgo de tomar alcohol y la mitad del colectivo también es consciente de la peligrosidad, aunque le otorgue una trascendencia algo menor. «Menos del 13% dice que beber alcohol tiene muchas ventajas y sólo uno de cada cuatro atribuye a la bebida algún beneficio», apunta el estudio. Su razón básica para beber, argumentan los adolescentes, es la diversión en los espacios de ocio y tiempo libre; las relaciones entre iguales; para estar con los amigos y conocer gente nueva, o la exigencias identitarias: sentirse mayor, incluirse en un grupo... Según los sociólogos, se alegan razones muy superficiales para justificar el botellón, como cuestiones económicas -el alcohol es caro-, la calidad de las bebidas -en los bares dan garrafón -, o la necesidad de un espacio abierto -no dejan entrar a los menores-, entre otras. Pero los estudiosos quieren ver «motivaciones más profundas» en esta ceremonia: «Estar juntos, identificarse con el grupo, conocer a otros diferentes a los propios amigos, realizar una celebración colectiva, conseguir un espacio lejos del control externo, vivir una situación que se reconoce como propia y no como impuesta por los adultos y, por supuesto, vivir situaciones de exceso y descontrol». Sin problemas de salud Entre los adolescentes bebedores, apenas un 10% han experimentado problemas de salud -intoxicaciones agudas-, un porcentaje algo inferior se ha visto envuelto en peleas y en torno al 8% tuvo problemas familiares, siempre según la visión desde la mirada desde los menores, con independencia de que aparezcan riesgos posteriores. Los policonsumos son mucho más graves. Alrededor de la mitad de quienes consumieron alcohol en el último año también habían consumido cannabis; un 9% alternó el alcohol con la cocaína, y un 11% bebió al tiempo que consumía éxtasis, anfetaminas o alucinógenos. «Eso quiere decir dos cosas: que el cannabis, de facto, se aproxima al estatus de sustancia legal; y que una minoría de adolescentes, uno de cada diez, han incorporado a sus consumos una panoplia de sustancias que pueden incrementar notablemente los niveles de riesgo», sostiene el informe.

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